Diario de un encierro. Día XXVIII







Si yo fuera rico

En un mundo hipotético, sin coronavirus ni restricciones para reemprender la marcha y regresar a nuestros puestos de trabajo, como también hipotético entrenador de un equipo de la categoría que fuera pero con un staff lo suficientemente amplio como para contar con un preparador físico profesional, desde el íntimo desconocimiento de la orfebrería fina con la que ellos trabajan y sin haberme tomado el tiempo necesario, quizá por tratarse, precisamente, de una situación hipotética, estas serían mis principales demandas, demandas, ojo, que habríamos de ejecutar conjuntamente, como parte de un todo que debe trabajar armónicamente y que debe reunirse periódicamente para evaluar los progresos y reajustar los objetivos.

1.       Disponibilidad para entrenar y jugar. En la línea de la prevención de lesiones, pero también de su recuperación y readaptación, creo que lo primero que le pediría al preparador físico es que marcara una línea para contar con el máximo número de jugadores listos para entrenar. Esto, probablemente, abarcaría la inclusión de protocolos fuera de cancha, de sueño, horarios, alimentación,… por lo que sería tarea de todo el club. Y de los jugadores, por supuesto. Primero por la vía del convencimiento. Solo en última instancia, y con vistas a crear una cultura de la propia responsabilidad, con la coacción. En esta línea, concretando más sus tareas, sería el responsable de los calentamientos y vueltas a la calma, dándole margen para contribuir, en ambos períodos, a la "felicidad" del grupo, concepto etéreo donde los haya. 

2.       Tono físico general. Para entrenar, y entrenar seguramente no más pero sí mejor. Retrasar la aparición de la fatiga y reducir sus picos a lo largo de una sesión de entrenamiento (ergo también en un partido) nos permitirá acceder a un mayor ritmo de juego y, según mi teoría, a mantener, por un lado, la agresividad e intensidad en defensa, así como a pensar con más claridad y ejecutar con más limpieza en ataque. Un jugador cansado es un caballo sin jinete, perdonen el símil si les parece ofensivo, pero he visto descarrilar a tantos grandes jugadores por no poder mantenerse inmunes a la fatiga… Cansado cualquier cosa cuesta un mundo, el horizonte se comprime, el error ajeno se observa como un castigo y los porcentajes caen dramáticamente. Cámbialo, coach, claro, reduce las rotaciones. Bueno, sí, correcto, pero que pueda jugar 4 períodos de 7 minutos en perfectas condiciones. No pido más. 



3.       Desempeño específico. Colocando este apartado en el tercer lugar, por detrás del anterior, sé que me sitúo a contracorriente de las nuevas tendencias, pero insisto, no quiero jugadores cansados en el entrenamiento, por duro que sea, quiero efectivas recuperaciones incompletas, piernas ligeras, corazones funcionando a un ritmo adecuado y mentes, por todo ello, liberadas del peso de soportar un cuerpo quejumbroso. De ahí que la fuerza específica, que redunda en una mayor velocidad gestual, en unos centrímetros más de salto o en una mayor potencia para ganar en los contactos, considerándolas partes esenciales del equipaje de un gran jugador, las trabajaría en postemporada, en verano. Sí, amigos, no corriendo por la playa o jugando a las palas. Pero claro, para eso habría que firmar a los jugadores con contratos largos, de modo que la labor de monitorización y vigilancia pudiera ser coordinada y controlada por el club. Pero ya en septiembre y más allá de los entrenamientos específicos programados, solo fuerza preventiva, gracias. Nada de piernas cargadas, brazos hinchados en un entrenamiento. Postemporada. Ya, ya, ya lo sé.

Añado aquí un punto que había olvidado. Coordinación con el resto del cuerpo técnico para aspectos fundamentales en los que la técnica individual linda con su misión: apoyos, desplazamientos,... Todo en la búsqueda de la máxima eficiencia gestual y energética. En este punto, lo fundamental es avanzar en una misma línea, sin fisuras, tratando de maximizar el rendimiento en ambas áreas. 

4.       Determinación para tomar decisiones en sus áreas, asertividad en la comunicación con los jugadores, con los que debe fabricar complicidades sin hacerse eco de su discurso, capacidad de filtrado para actuar como intermediario entre sus demandas, las de los jugadores y las necesidades del equipo, que están por encima de todo. Y, por supuesto, una comunicación fluida, directa basada en la honestidad y la confianza con el equipo médico.

Bueno, este cuarto punto bien pudiera ser el primero. O flotar por encima del resto. En fin, estas serían mis premisas, a falta de llevarme, todavía, unas cuantas hostias, firmar unos cuantos fracasos y hacer muchos amigos, y no hay ironía alguna en mis palabras, entre el fantástico y necesario gremio de los preparadores físicos.



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

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