El baloncesto, la vida y un nuevo año




Es 31 de diciembre. La Tierra culmina un nuevo viaje alrededor de la estrella y los humanos, ajenos a este movimiento, se disponen a celebrar que han sobrevivido a la crisis, a las guerras y a los sinsabores. Que no es poco.

En todo este tiempo algunos proyectos habrán avanzado y quizá algunos (espero que pocos) se habrán estancado. Determinadas personas te habrán sorprendido mientras que otras, tal vez, te habrán decepcionado. Habrá habido días en que el sol y las buenas vibraciones te hayan embriagado, mientras que en otros querrías no haber nacido.

Llena de paradojas. Así es la vida y la aceptamos como es a falta de otras opciones. Así es, también, el baloncesto, y lo queremos porque para muchos es parte indisoluble de esa misma vida.

Y es que los 29x15 metros de una cancha son una pequeña maqueta que resume las grandezas y miserias de las personas, que retratan sin necesidad de pincel o brocha los más puros y hondos sentimientos. 40 minutos son suficientes para que ilusión, ira, deseo, ansiedad, concentración, desenfreno, solidaridad, llanto y sonrisas se sucedan sin estructura lógica alguna. Veamos, si no, algunas similitudes entre ambas realidades.

Tanto en la vida como sobre el parqué hay líneas que actúan como fronteras. Estás dentro o estás fuera. Vales tres o vales dos. Aquí puedes estar, pero sólo tres segundos.

En el baloncesto y también en el quehacer diario, estamos sometidos a reglas que nos dicen lo que podemos hacer. Dicen proceder de la costumbre y estar inspiradas en la moral mayoritaria, pero casi siempre, y sin rodeos, no son más que decisiones arbitrarias y desde arriba para que los de abajo puedan convivir sin que lluevan palos por todos lados.

Qué decir del azar, de los golpes de suerte, de ese balón que acabó entrando tras bailar sobre el aro o de ese avión que no cogiste por quedarte dormido y que hoy reposa en el fondo del océano. Por mucho que trabajemos y por muy bien que estemos preparados muchas veces dependemos de que la inmaterial fortuna nos acompañe.

Y también, tanto en la pista como en el día a día nos encontramos con compañeros y rivales, con personas en las que puedes confiar aun con los ojos vendados y con otras que tratarán de hacerte caer cuando menos te lo esperas. De hecho, es en este aspecto, el de los compañeros y los enemigos es donde el baloncesto se convierte en un escenario en el cual todo se magnifica. Cuando te vistes con una misma camiseta y persigues un mismo objetivo, un compañero pasa a ser algo más,se transforma en una persona a la que defender, a la que apoyar en la derrota y con la que celebrar las victorias.

Pero de entre todas las semejanzas me quedo con que tanto en un ámbito como en el otro, anotar una canasta hace feliz a una persona mientras que dar una asistencia hace feliz a dos. Ayuda a los demás, comparte tu felicidad, escucha a quien necesite ser escuchado, ofrece tu aliento a quien no lo tenga y ya sabes, si coges un rebote, si logras tener una segunda oportunidad en cualquier sentido de la vida o del deporte, aprovéchala. Aprovéchala porque nadie sabe qué podrá ocurrir mañana.

Feliz año 2011. Que cada uno de esos 365 días lleno de paradojas sean recordados con una sonrisa cuando hagamos de nuevo balance. Y que podamos hacerlo desde este blog. Gracias a todos por estar ahí.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

¿Qué le pasa a los Lakers?





Se acaba el año en que los Lakers se hicieron con su decimosexto anillo y lo hace mientras los angelinos se hallan sumidos en una profunda depresión. Con todas sus piezas sobre el parqué, cosa que no pueden decir otros grandes equipos como Boston, Miami o Dallas, los Lakers se muestran incapaces de mostrarse sólidos en la zona y acertados desde el perímetro.¿Se los habrá tragado la Falla de San Andrés?

La ausencia de un base director suele ser suplida en los equipos de Phil Jackson por un nivel medio de pasadores más que aceptable en el resto de posiciones. Sin embargo, tras un prometedor inicio de temporada tanto Odom como Gasol han entrado en barrena quizá por el exceso de minutos al que se ven obligados a jugar por la pobreza de la rotación desde el banquillo.

Anoche, en San Antonio se demostró, una vez más, que los Lakers no tienen ni base, ni banquillo. Jugadores como Gary Neal o George Hill parecían estrellas coincidiendo en el campo contra los suplentes de los Lakers. Lo que es peor, ninguno de los titulares de los Spurs tuvo que irse a más de 34 minutos de juego para vencer con comodidad el partido.

Sólo una recuperación milagrosa de Bynum que le convirtiera de nuevo en una referencia en la zona podría hacer recuperar a los Lakers su cartel de favorito. Si no, Pau y Odom parecen no ser suficientes para atacar y, sobre todo, para defender a front courts mucho más poderosos.

Y qué decir de Bryant. En su favor, que no se esconde. En su contra, la mala gestión de su papel en la cancha, la mala selección de tiro, sus bajos porcentajes, sus pérdidas de balón y su egoísmo. Ayer falló 13 tiros seguidos hasta el punto de que Phil Jackson afirmó en rueda de prensa que de haber estado en la cancha no le habría pasado el balón a Kobe. Yo, directamente, habría abandonado la pista y lo habría hecho con más motivos de los que aludieron como causa los controladores aéreos el pasado 3 de diciembre.

Bryant está nervioso. Es un hecho que demuestran sus últimas técnicas contra Milwaukee, Miami y San Antonio. Tres partidos, tres técnicas. Tres partidos, tres derrotas. Dos rivales importantes, dos palizas. En mi opinión Kobe está sin explosividad. Su operación de rodilla es más importante de lo que la gente puede pensar y el 24 de los Lakers aún no ha averiguado cómo puede hacer vencer a su equipo sin las piernas que antes le permitían ser imparable en ataque.

¿Qué pensáis vosotros? ¿Están en crisis los Lakers? ¿Es importante el record en temporada regular? ¿Volverá Bryant por sus fueros?

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Los planes de Michael




¿Verdad que sería bonito ver unidos en un mismo proyecto a dos de las marcas más importantes del baloncesto y del deporte mundial como son Michael Jordan y el Real Madrid?

Pues las últimas informaciones nos indican que tal vez este sueño esté cerca de realizarse. El gran Jordan, bastante quemado con el devenir de sus Bobcats está buscando nuevas perspectivas de negocio ligadas con su deporte y no tiene miedo a cruzar el Atlántico.

Dicen que el famoso 23 de los Bulls quedó encantado con su visita a Barcelona en 1992 y afirma que España es uno de los países en los que le gustaría vivir algún día.

Pues bien, al parecer su Majestad del Aire estaría barajando la posibilidad de adquirir la sección de baloncesto del Real Madrid, aunque el proceso no sería en absoluto sencillo. En primer lugar sería necesario desvincular a esta sección del club Real Madrid y convertirla en Sociedad Anónima. Una vez realizado este complejo trámite, Michael debería participar en la subasta de las acciones y pujar por ellas con otros posibles interesados.

El hecho de que Jordan se convirtiera en el máximo accionista del Real Madrid sería básico para acabar viendo una franquicia NBA en España y más concretamente en la capital. David Stern ha afirmado recientemente que en diez años es posible que exista una Conferencia Europea en la liga y si Barcelona o Real Madrid quieren participar de ella será necesario que modernicen sus estructuras internas y las adapten a las de las franquicias norteamericanas.

Lo cierto es que Florentino siempre ha estado dispuesto a que la sección de baloncesto pueda desvincularse del club. Y si es de esta manera, en la cual la grandeza del Real se engarza con la majestuosidad de Michael, las razones en contra de esta operación son cada vez más sutiles.

En mi opinión la opción no parece descabellada y me encantaría ver a Michael Jordan en el palco de la Caja Mágica fumando su habitual puro y disfrutando del mejor baloncesto de Europa. Seguro que el Real Madrid saldría ganando pues la figura del hexacampeón podría atraer a las figuras NBA para venir a mostrar sus talentos en la casa blanca.

Si queréis más información aquí tenéis el enlace con la noticia que he podido leer.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Querido Santa Claus...






Veamos qué le han pedido algunos personajes del baloncesto a Papá Noel. 

 
Pau Gasol

... este año he sido especialmente bueno. He cogido todos los rebotes de los fallos de Kobe en la final, he descansado durante el verano para satisfacer a mis jefes y también al tío Phil que, como sabes, ya está algo mayor. Además, como mi amigo Bynum está cojo tengo que jugar todos sus minutos de pívot y superar viejas fobias a la pintura que por fortuna ya son parte del pasado. Aun así, creo que por todo esto deberías obsequiarme con un tercer anillo y un segundo Europeo en el año que entra.

Sergio Scariolo

... este año he sufrido mucho. Aún tengo pesadillas con Teodosic, me han echado del Kimkhi aunque lo hayamos vendido como un acuerdo amistoso y aún no tengo resuelto mi futuro con la Federación Española de Baloncesto pese a que creo que tengo contrato. Además, el dermatólogo me ha recomendado que deje de utilizar gomina (esto no sé si es cierto no vayáis a pensaros que... jaja). Tampoco te pediré mucho. Me conformo con mantener mi puesto de seleccionador y con que Serge Ibaka pase a la cultura popular española como Don Sergio y nos proporcione la intimidación de la que carecimos durante el Mundial. Bueno, eso y que juegue Pau. Claro.


Doc Rivers

... mira que te llevo diciendo durante cuatro años que con el quinteto titular Rondo, Allen, Pierce, Garnett y Perkins no nos ha ganado nadie una serie a siete partidos. Pues en tres temporadas sólo una vez se dio esa circunstancia y te puedes imaginar cómo acabó ¿no?. Así que como los clásicos de estas fechas sólo te pediré salud para mi familia, para mi big three, para que entre los dos O´Neal saquemos uno sano en playoffs, para que Delonte West no se rompa por enésima vez la misma muñeca, para que Rondo se cure finalmente del pie, para que a Marquish Daniels le vuelva a correr sangre por las venas y para que Semih Erden no tenga que jugar con un hombro colgando. Ah bueno, y ya que estamos, un cerebro nuevo para Nate y unos centímetros menos de cintura para Big Baby me harían también muy feliz. Ah, y que mi hijo Austin siga siendo tan bueno que me parece que así no tendré que preocuparme por el aumento de la edad de jubilación o por mi pensión.

Phil Jackson (en un papel de soberbio que creo que no le corresponde pero que a mí me gusta atribuirle).

... Seguro que no entiendes el valor histórico y simbólico del número doce y que ni siquiera has leído alguno de mis numerosos libros. Seguro que no te acuestas todas las noches con la hija de tu jefe y por eso me tienes envidia. Pero aun así, además de recomendarte alguno de mis libros, me gustaría que de paso no entorpecieses mi conquista de mi duodécimo anillo. No es nada personal, pero es que no quiero que en el futuro digan que quise más a Jordan que a Kobe y que por eso le obsequié al primero con un anillo más.

Antoni Daimiel (probablemente tampoco piense esto o, al menos, no puede decirlo)

... invéntate algún modo no demasiado macabro para que pueda deshacerme de los pesados que se encargan del baloncesto NBA en el plus. A Loncar le podrías enviar a Serbia a montar una escuela. Carnicero podría ser el speaker de algún patio de colegio e Iñaki Cano podría ponerle los cafés a los amigos de su padre en Punto Pelota. Déjanos a Antonio Rodríguez y a mí al mando y resucita a Montes para que las madrugadas NBA vuelvan a ser lo que un día fueron: Just entertainment.

David Stern

... haz que estos insolentes, vanidosos y egocéntricos jugadores entiendan que los salarios estaban disparados y que la situación de la liga no es la de hace diez años en la que el dinero salía de las orejas. Borra de su mente la idea de un cierre patronal. Trae más magnates rusos del tipo de Prokhorov (dueño de los Nets) para que pueda deshacerme de la banda de los Hornets (actualmente en propiedad de la liga) y borra de un plumazo todos esos tatuajes de los brazos y piernas de los jugadores porque hacen vomitar a mi pulcra esposa cada vez que los ve.

Como habéis visto. Hasta las caras más famosas del baloncesto confían en el barbudo de rojo para que se cumplan sus sueños. ¿Qué deseos baloncestísticos le pediriáis a Santa Claus o a los Reyes Magos?

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Stan ya tiene su regalo





Otis Smith (General Manager de los Magic) ha revolucionado el mercado de la NBA. Tras darse cuenta de que con lo que tenían no era suficiente se ha sacado un as de la manga para arrastrar sin piedad a la jerarquía de la liga.

Sin embargo, tengo la lejana impresión de que ni en Boston, ni en Los Ángeles, ni en Miami se han inmutado. Los verdes porque su ego y orgullo rebasan los límites de lo saludable. Los de oro y púrpura porque observan todos estos movimientos desde la distancia y porque sus dos recientes anillos les avalan por encima de cualquier intento de grandilocuente traspaso. Y en Miami ya tienen bastante con hacer funcionar una máquina que cuenta con las piezas indicadas para ganar a cualquiera, pero que hasta que se engrase, puede ser el aperitivo perfecto para un equipo de mitad baja de la tabla.

El problema lo tiene el pequeño de los Van Gundy. Con fama de buen armador, pero de pésimo gestor en momentos de presión, Stan “Super Mario” Van Gundy tiene ante sí grandes retos.

Con el traspaso de Rashard Lewis por Arenas Orlando se hace con uno de los jugadores más polémicos del campeonato. Famoso por sacar a pasear sus dotes de pistolero y por no defender ni a su propia sombra Gilbert es esa clase de jugador que te puede ganar un partido y que te puede hacer perder diez con facilidad asombrosa y sin despeinarse. La mejor opción desde el punto de vista deportivo es que salga desde el banquillo y sea el anotador principal de la segunda unidad. Rashard Lewis era un lastre en defensa, el bocadillo de media mañana ideal para Bosh o Garnett, pero el deshacerse de un cuatro no tiene sentido cuando tu rotación interior se reduce, tras la marcha de Gortat, a Brandon Bass, Ryan Anderson, Earl Clark y Malik Allen además de Superman.

Tras enviar a Gortat, Carter y Pietrus a Phoenix a cambio de Jason Richardson y Hedo Turkoglu además de inflacionar el coste de la plantilla han saturado las posiciones de dos y tres en una plantilla que ya contaba con JJ Reddick y Quentin Richardson. Junto a Arenas serían cinco jugadores con bastante ego y calidad para repartirse 96 minutos. Solución: Arenas juega minutos de base y el turco juega varios minutos como cuatro jugando un small ball que puede ser la pesadilla para los equipos rivales.

Conocido por todos es el deseo de Stan Van Gundy de jugar con 4 exteriores que abran la cancha para Dwight. Puede funcionar, pero es arriesgado.

Como bien diría Daimiel, el año pasado en Toronto Turkoglu no encontró la puerta del gimnasio hasta el último día y creo que, además, la debió confundir con la de la pastelería. Su mediocre mundial y el inicio de temporada en Phoenix hacen indicar que queda muy poco del Turkoglu de hace dos temporadas en la que lideró al equipo hasta la final de la NBA.

Con todas las posibles variaciones tácticas, la tradicional chuleta de Van Gundy que suele asomar del bolsillo interior de su chaqueta puede convertirse de pronto en un rollo de papel higiénico y el trabajo del psicólogo, casi siempre anecdótico, pasará a ser ahora principal en el centro de Florida.

Arenas, J Richardson, Jameer Nelson, Dwight Howard, Q Richardson, J Williams o Turkoglu aseguran espectáculo, pero ni mucho menos anillos. La apuesta es a ganador pero yo no pongo un duro por ellos.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Lección de fe... y de Pablo Prigioni



Las agujas del reloj marcaban las seis. En la catedral del baloncesto en que se convierte cada día de partido el Buesa Arena de Vitoria sonaban tambores de guerra porque el enemigo no era un cualquiera, era todo un Madrid envuelto en dudas y con muy pocas certezas a las que agarrarse.

Curiosamente, Tomic podría ser definido como una de esas certezas hasta que se demostró débil y anodino. Si no, cómo explicar que Teletovic pudiera ganarle cinco metros de espalda hasta meter en las narices del croata el 2+1 más sencillo de su vida. Si no cómo se explica que estuviera a punto de echarse a llorar cuando Pablo Prigioni le recriminara esa acción de juvenil caprichoso y poco entrenado.

Era entonces cuando el Madrid parecía el mejor regalo de Navidad para el Caja Laboral, era entonces cuando el equipo de Ivanovic dominaba el marcador, los tableros y el ritmo de juego. Era entonces cuando los aficionados del Madrid pensábamos: “Oh Dios, otro día de pájara”. Era entonces cuando Messina se preguntaba si era momento de prejubilarse antes de que le obliguen a estar hasta los 67 años enseñando todo lo que sabe a un croata sin sangre dotado de todo el talento del mundo.

Y la pájara se plasmó en más de seis minutos sin anotar en el segundo cuarto. Sergio Rodríguez demostró estar perdido, sin confianza, intentando reconstruir su juego. ¿Por qué no decirle al Chacho que sea él mismo? ¿Por qué no decirle que va a disponer de dos oportunidades cada partido para intentar cambiar el devenir del encuentro como si del mismísmo Vinnie Johnson se tratara? Si funciona se le mantiene en la cancha, si no consigue cambiar el sino del partido se le reenvía al banquillo. Porque Sergio, jugando como el resto de bases, es un jugador vulgar. Tal vez poniendo sobre el parqué su personal estilo pueda aportarle al Madrid frescura en determinadas fases del partido en que el ataque se obtura.

Porque la defensa está funcionando. Hay buena comunicación y D´or Fisher es un auténtico intimidador. Pero claro, si estás seis minutos sin anotar es muy difícil contener durante tanto tiempo la ofensiva rival.

Lo curioso es que el final de la historia es esperanzador. A falta de cinco minutos para la finalización del partido y con el Real Madrid perdiendo de siete puntos Ettore Messina pide tiempo muerto, decide jugársela con Prigioni, Llul, Tucker, Suárez y Fisher y marca una jugada que repetirán una vez tras otra hasta el final del partido con el resultado que la mayor parte de vosotros ya conoce.

Bloqueo en diagonal de Suárez para la salida de Llul o Tucker en 45 grados en el lado izquierda de la cancha. Mientras tanto Ivanovic recomienda dar fondo a Llul para enviarlo a un dos contra uno y evitar que pueda penetrar por su mejor lado, el derecho. La mayor parte de las veces Llul devolvió el balón a Pablo Prigioni que decidió jugar el 2x2 con Fisher con magníficos resultados (mate de Fisher, balón de vuelta a Llul que o anota bandeja o saca tiros libres, balón para Suárez tras rotación de balón por el exterior para aprovechar su ventaja en el poste).

Y es que Don Pablo Prigioni dio una exhibición en los minutos finales de partido. Paró el ritmo cuando parecía que todo estaba perdido y que era necesario volverse locos si se quería remontar. Sacó una falta de ataque a San Emeterio y cazó tres balones sueltos decisivos, el último de los cuales paró en manos de Tucker que puso al Madrid por delante en el marcador después de más de treinta minutos de juego.

Una buena defensa, una misma jugada bien ejecutada y un gran director de orquesta fueron suficientes para remontar el partido en la cancha del actual campeón de liga, una verdadera fortaleza que sólo había sido violada una vez en tres años en Liga Regular (por parte del Regal Barcelona). Bueno, todo eso y una gran dosis de fe que indica que el trabajo de Messina va dando sus frutos. El Madrid va pareciéndose a un equipo, aunque a veces pueda parecer que determinadas piezas prefieren quedarse fuera del puzzle.

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Cuando fuimos los mejores





“Soy una estrella allí en lo alto del cielo, soy aquella montaña de cumbre tan elevada. Sí, lo hice, soy el mejor del mundo”.

El magnífico estribillo de la no menos magnífica canción de R Kelly titulada “The World´s Greatest” es el mejor himno posible para ilustrar cómo nos sentimos aquel verano de 2006 mientras la selección española de baloncesto se ganaba una posición en el firmamento de este deporte.

En estos momentos en que el deporte español es sospechoso habitual ya sea por merecimientos propios o por la envidia de quien no soporta ver a uno de los nuestros en lo alto del podio, me parece oportuno recordar uno de esos logros de los que presumiremos toda la vida.

Calderón era el base titular. El extremeño venía de un primer año en la NBA bastante complicado en el que había asistido en primer plano a los 81 puntos de Kobe Bryant. Sin embargo, en cada partido de este mundial de Japón supo dar al juego el ritmo que se necesitaba. Calderón fue sin duda el Von Karajan de una orquesta bien afinada que se creció ante las dificultades.

En el puesto de escolta Navarro sentó cátedra. Sin tener que recurrir a actuaciones gloriosas estuvo cuando se le llamó y jugó una gran final de campeonato ante los griegos.

Jiménez era imprescindible. Aún lo sigue siendo en el Unicaja de Aíto. Y lo es saltando más bien poco, siendo más bien lento y sin una mano prodigiosa. Carlos Jiménez es el Raúl del fútbol. Un 8 en todo y siempre necesario. En Saitama tuvo actuaciones defensivas estelares y sus ayudas y buena colocación fueron imprescindibles para la consecución del éxito final.

Como ala pívot Jorge Garbajosa dio una auténtica exhibición. En el verano previo a su salto a la NBA y pocos meses después de dar una lección de liderazgo en el doblete del Unicaja, el de Torrejón de Ardoz cumplió con su papel abriendo el campo para Pau y poniendo la inteligencia como mejor aval.

Y qué decir de Gasol, el mejor jugador del campeonato. Ello sin poder jugar la final por una lesión en el pie que le apartó de las canchas durante más de cuatro meses. Gasol animó como un “hooligan” desde el banquillo y lloró como un niño cuando recibía el trofeo que debería haber alzado Carlos Jiménez sobre el podio. Aún no sabía lo que es ganar anillos uno tras otro o lo de jugar en una de las dos mejores franquicias de la historia. Por entonces, se sentía el hombre más feliz de la Tierra y es que había conseguido, con sus amigos de toda la vida, un éxito con el que siempre soñaron y del que seguro hablaban con ojos brillantes cuando aún eran juniors y el acné atacaba su piel.

No me quiero dejar el banquillo. A Felipe y su garra, a Marc y su defensa en la final, a Berni y sus apariciones puntuales, a Rudy y su capacidad para ser un microondas, a Cabezas para enfriar el fuego que encendía un Sergio Rodríguez sin los complejos con los que juega hoy día y a un Mumbrú siempre cumplidor.

Tampoco sería justo dejar de mencionar a José Vicente Hernández, Pepu. Dirigió con acierto al grupo, les dejó jugar con libertad y aunque su pizarra no sea la más envidiada del mundo, ni sus esquemas referencias entre la élite de los banquillos, su labor fue positiva. El hecho de recibir la noticia de la muerte de su padre y de encajarla con firmeza poco antes de que se disputara la final es una señal de hombre maduro y preparado. Sin duda, Pepu era, entonces, el hombre adecuado.

Fue un verano magnífico en el que los aficionados del baloncesto pudimos disfrutar del gran juego de un grupo humilde que liderado por una gran estrella pudo alcanzar el sueño de tantas otras generaciones que tuvieron que retirarse sin alcanzar tales logros.

Fueron 15 días en que de verdad llegué a creer en esa frase que dice que la vida puede ser maravillosa. Nos lo contó Montes y esa final ante Grecia es ya historia de nuestro deporte, de un deporte herido tras los últimos casos de presunto dopaje, pero un deporte que tiene mitos que nos permiten decir orgullosos que un día lo hicimos, que un día fuimos “the world´s greatest”.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

La verdadera liga de las estrellas

Aunque habitualmente me declaro seguidor de la NBA por encima de la ACB y no dudo en demostrar mi amor por el concepto de baloncesto del otro lado del Atlántico, también presumo de procurar ser justo (lográndolo pocas veces, lo reconozco) y hoy voy a intentar llevar a cabo un ejercicio de justicia con la ACB.

En la ACB no existe el bipartidismo, no existen ciclos duraderos ni desquiciantes tiranías de un equipo (o dos) sobre el resto. Desde 1984, año en que se comenzó a disputar la competición con el actual formato y bajo el mandato de la asociación de jugadores ha habido seis campeones distintos repartidos de norte a sur de nuestra geografía.

En la competición nacional cualquier equipo puede ganar a cualquiera dando un baño de humildad a quienes puedan pensar que con portar el escudo en el pecho es suficiente. Equipos como Gran Canaria 2014, Blancos de Rueda de Valladolid o Lagun Aro GBC de San Sebastián han hecho de sus pabellones verdaderos fortines. Otros, como Power Electronics y, tradicionalmente aunque ahora esté pasando por un pequeño bache, Estudiantes están siempre dispuestos a dar la alternativa a los grandes aprovechando la oportunidad que les brinda cada febrero la Copa del Rey.

Por su parte, de la mano de Salva Maldonado el TDK Manresa nos enamoró a todos en la temporada 1997-1998 en la que ganaron la Copa del Rey (con el memorable triple de Chichi Creus desde la esquina) y la liga ante el Taugrés de Perasovic o Marcelo Nicola. Ahora, el Ricoh Manresa lucha por mantener la categoría e incluso pasó cierto tiempo en liga LEB. Pero que les quiten lo bailao.

Joventut, 7 UP, Pinturas Bruguer, Festina, DKV. Al fin y a la postre la Penya ha dejado para la historia dos ligas ACB y, sobre todo, la mítica Euroliga de la temporada 1993-1994 con la sabia dirección de Zeljko Obradovic y con jugadores como Jordi Villacampa, Rafa Jofresa o Corney Thompson. Su cantera, junto a las de Hospitalet (de la que se alimenta el Regal Barcelona) y el Ramiro de Maeztu, es una auténtica referencia y una verdadera incubadora para alguno de los principales talentos de nuestro baloncesto: Villacampa, Raúl López, Ricky Rubio,...

Caer para aprender a levantarse. Esa es la filosofía que tiene grabada en su ADN el Caja Laboral Baskonia, antiguo Taugrés o Tau Cerámica. Pasar por Vitoria es una garantía de futuro NBA. Josean Querejeta, su hábil presidente, se enfrenta cada verano a una profunda reestructuración de plantilla y siempre, sin excepción, acaba configurando un gran equipo que pelea por todas las competiciones. Han sufrido algunas decepciones como la Liga de 2005 o los dos subcampeonatos de Euroliga en 2001 y 2005. Sin embargo, para el buen aficionado, el Baskonia es una verdadera referencia de nuestro baloncesto.

Unicaja, por su parte, recuerda con especial cariño la temporada 2005-2006 en la que, liderados por un genial Jorge Garbajosa y dirigidos por Sergio Scariolo (todo hay que decirlo) alzaron consecutivamente la Copa y la Liga. El Martín Carpena es la verdadera caldera de la competición y su afición una de las más entendidas.

Y claro, también están el Barcelona y el Madrid quienes con 12 y 8 títulos respectivamente dominan la competición, sí, pero no la monopolizan. Pueden perder en cualquier cancha y sus ciclos ganadores son siempre más cortos.

En la competición europea parece que cuatro equipos se colarán entre los 16 mejores. Sé que alguien podría utilizar como argumento el hecho de que el baloncesto no está tan globalizado como el fútbol y de que existe una menor tradición. Esto es posible dada la crisis del baloncesto italiano (sólo el Montepaschi Siena presenta un equipo competitivo) y la inexistencia de baloncesto de calidad en países económicamente fuertes como Alemania, Reino Unido o Francia. Sin embargo, una cosa no quita la otra y los méritos de una liga fuerte y compensada como es la ACB están ahí y no se pueden negar.

Sin embargo, la preocupación es clara. Los grandes partidos sólo reúnen ante el televisor a alrededor de medio millón de televidentes. La competición es buena, el baloncesto que se juega tiene gran nivel técnico y táctico y, pese a ello, no cala entre la población. Los motivos que se me ocurren son variados.

A lo mejor el fútbol lo copa todo y las agendas de sillón ball no dan más de sí. Si hay que cumplir con el novio o la novia mejor hacerlo mientras la sube Ricky que cuando la lleva Messi en el pie. O a lo mejor es que no hay suficientes salidas de tono de los entrenadores en las ruedas de prensa. Quizá con más declaraciones del tipo de la de Manel Comas sobre los NAF (negro atlético fraudulento) subirían las audiencias.

Desconozco cuál será el futuro del baloncesto en España y si, tal vez, pasará por tener un par de franquicias en la futurible Conferencia Europea de la NBA. Lo cierto es que cada día que pasa disfruto más con la competición casera.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

"Es Len Bias, no puede morir"



En un 3 de diciembre marcado por la alevosa y sibilina huelga de los controladores aéreos y con numerosos temas baloncestísticos sobre la mesa he decidido escribir sobre una de las mayores tragedias que sobrevolaron el universo NBA hace ya más de 24 años.

Tal día como hoy, hace 21 años, moría Fernando Martín, el primer español que jugó en la NBA, un ídolo de masas, un ídolo del madridismo y el sueño de todas las veinteañeras que seguían el baloncesto.

Podría haber escrito, también, sobre el enésimo mal final de partido de un Real Madrid que regaló la victoria en el Martín Carpena tras tres cuartos de defensa sobria y ataque colectivo. El Madrid carece de instinto asesino y de un sicario al que no le tiemble la mano al apretar el gatillo en los momentos decisivos.

Y podía hablar, también, del regreso triunfal (38 puntos) de Lebron King James a Cleveland. No hubo ni botellas de whisky ni cabezas de cerdo, pero sí que asistimos a uno de los ambientes más calientes de la historia de la NBA más propio, sin duda, de un Duke-North Carolina en el Cameron Indoor Stadium.

Pero no, hoy voy a hablar de un tal Len Bias, del número 34 de la universidad de Maryland, del número 2 del draft de 1986, del llamado a rivalizar cara a cara con Michael Jordan por la supremacía del espacio aéreo baloncestístico. Y lo hago porque ayer, el gran periodista Santiago Segurola recordó su fatídica historia en Al Primer Toque.

Su muerte, 40 horas después de la elección en el draft, por una presunta sobredosis de cocaína sumió a los Celtics en una depresión que duró 22 años. Len Bias estaba llamado a revitalizar a un equipo lleno de clase, pero muy marcado por la edad de sus mejores jugadores. Bird, Mchale, Parish y Dennis Johnson empezaban a tener achaques físicos. Sin duda, con la inyección de savia nueva que hubiera supuesto la adquisición de Bias, los Celtics estaban llamados a dominar la competición unos cuantos años más.

En esos 22 años de sequía no sólo pasaron jugadores mediocres y técnicos de gran caché que no supieron dar con la fórmula (Rick Pitino, no te vas de mi mente), sino que también se sucedieron los acontecimientos dramáticos. El gran alero Reggie Lewis falleció en 1993 de un ataque el corazón mientras entrenaba y poco nos faltó a los célticos para tener que lamentar el asesinato de nuestro actual ídolo, Paul Pierce. Las once puñaladas que le asestaron buscaban acabar con su vida, pero al fin la mística del trébol regresó a Boston después de tantos infortunios (curiosamente, hoy se ha sabido que el homicida en grado de tentativa ha sido detenido hoy por causas desconocidas).

Pero profundizando aún más en la figura de Len Bias hay que decir que gozaba de un gran tiro en suspensión y, sobre todo, de una explosividad física espectacular. Red Auerbach había negociado, con sus peculiares artes, el hecho de que Bias no se presentara al draft de 1985 y que esperara para ser elegido por su equipo un año después. De hecho, el bueno de Len Bias asistiría en directo a la consecución del decimosexto anillo. Estaba cantado. Tras Brad Daugherty que fue elegido por los Cleveland Cavaliers, los Celtics eligieron a la estrella de Maryland. Y nadie olvida ahora que aquella misma noche Red proclamó las siguientes palabras: “Len es nuestro mejor seguro de vida”.

Len Bias fue el jugador elegido por Reebook para competir con Nike y Michael Jordan. Al firmar un contrato no pudo reprimir su felicidad y llamó a uno de sus mejores amigos para decirle “soy millonario”. El propio Larry Bird había admitido que recortaría sus vacaciones para entrenar junto a él y enseñarle algunos trucos.

Tras saludar a la familia y cumplir con todos los compromisos decidió pasar una noche de fiesta con sus amigos y compañeros de la universidad. La mezcla de cocaína y alcohol fue una bomba para la salud de Lenny. Su cuerpo de semidios no pudo resistir tal suma de narcóticos. Sus compañeros no supieron reanimarle. Sólo pudieron llamar a Urgencias pronunciando aquellas famosas palabras: “Es Len Bias, no puede morir”.

Pero tras incontables esfuerzos por reanimarle, murió. Lo hizo ante la desesperación de sus “amigos” y de su familia. A las 8.55 de la mañana su cuerpo sin vida era cubierto por una sábana. Debajo de ella iba aquel jugador que estaba llamado a cambiar la historia de la liga, a luchar con Michael Jordan por la supremacía de la NBA y de los contratos publicitarios. Pero no pudo ser. La cocaína se lo llevó por delante. No es que muriera de éxito, es que no supo afrontar siquiera que un chico negro de Maryland pudiera ser alguien en un mundo de blancos.

Y desde entonces, los célticos y el resto de aficionados, nos preguntamos por lo que pudo ser y no fue y también por el porqué de aquella acción tan irresponsable.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Papá, papá, ¿por qué somos del Madrid?


No sé por qué malgasto cuatro horas de mi vida cada fin de semana siguiendo las idas y venidas de los equipos que dicen jugar en representación del Real Madrid. No sé si lo que veo son impostores que maltratan cada pocos días la historia de mi equipo o si se trata de una pesadilla.

De nuevo escribo en caliente, con el clásico recién terminado. No sé por qué le siguen llamando clásico. Estoy seguro de que el Barcelona no encuentra grandes diferencias entre jugar con el Hércules o hacerlo contra el Madrid. Bueno, sí, una. Que el Hércules le puede ganar.

Yo siempre he creído que entre Boston Celtics y Real Madrid existían muchas similitudes. Son franquicias ganadoras, con mucha historia y con un escudo que pesa. Eso pensaba hasta que vi a 11 jugadores de blanco persiguiendo un balón sin pudor alguno como si fueran Paco y Luis, unos benjamines del barrio intentando recuperar la pelota de mano de unos matones que se la han arrebatado.

Tal vez algunos puedan encontrar parecidos en los puros que fumaban Don Santiago Bernabeu y Red Auerbach. Tal vez algunos crean que el Bill Russell del fútbol durante los 50 y 60 fue Don Alfredo Di Stefano. Tal vez algunos piensen que la Quinta del Buitre es lo más parecido a los Celtics en los 80. Pero no me cabe la menor duda de que ningún miembro de la actual plantilla está a la altura de la camiseta como lo pueden estar los Rondo, Pierce, Allen y Garnett en el caso de Boston.

Los miembros del Big Three de Boston pueden ser acusados de marrulleros, ancianos, bocazas, pero nunca se dudará de su dignidad profesional ni de su orgullo. El pasado junio cayeron, sí, pero lo hicieron con dignidad, mermados por las lesiones y luchando hasta el último segundo. Entonces lloré. Esta noche, en cambio, sólo salieron de mi boca exabruptos y blasfemias ante once jugadores que ganan un dineral y que cuando hacen un partido bien de cada cien reclaman un aumento salarial.

Ramos, Marcelo o Cristiano jamás entenderían la renuncia a cobrar más dinero de Pierce o Allen por defender unos colores y una forma de vivir.

Por no hablar de los Sergio Rodríguez, Velickovic o Tomic. ¿De verdad conoce alguien la responsabilidad que supone portar en el pecho el escudo del Madrid? Os aseguro que Paul Pierce sí que sabe bien lo que es jugar en los Celtics. Y nació siguiendo a los Lakers. Pero esto se aprende o no se aprende.

Y acabo dando la enhorabuena al F.C.Barcelona por ser el heredero del Show Time de Magic, Scott, Worthy y compañía. Y prometo no volver a hablar de fútbol en este modesto blog. Bueno, en realidad no era mi intención hablar de fútbol. Quería hablar de cojones.Quería hablar de los Celtics.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Mi particular Acción de Gracias




Vaya resaca de Thanksgiving ha tenido el presidente Obama. Doce puntos de sutura en el labio por un incidente jugando al baloncesto con familiares y amigos. Para que luego digan que el baloncesto no es un deporte de riesgo.

Pero el objetivo de este post es que, sin pavo de por medio, demos las gracias a tantos grandes jugadores y entrenadores que han contribuido a la grandeza de nuestro deporte.

Siguiendo un orden cronológico no puedo olvidarme de agradecer a James Naismith su brillante ocurrencia al inventar un deporte que se pudiera celebrar “indoor” para pasar los duros inviernos en el noreste americano.

Le quiero agradecer a Maurice Podoloff por ser uno de los principales impulsores de la liga que más horas de sueño me ha quitado, la NBA.

No quiero olvidarme de Bill Russell, por sus once anillos, por su lucha contra la segregación, por introducir el valor de la defensa en el baloncesto y, por supuesto, por jugar en los Celtics.

Y si jugó en los Celtics fue por Red Auerbach. Gracias por todos esos puros consumidos, uno por cada victoria.

Y si Russell fue grande fue porque tuvo enfrente a Wilt Chamberlain. Gracias Wilt, por tener tanto éxito en la cama y tan poco sobre la cancha.

Gracias Jerry West. Por jugar tan bien, por ser el logo de la liga y por permitir, cuando eras el General Manager de Memphis Grizzlies el traspaso de Pau Gasol a los Lakers por casi nada (excepto los derechos de Marc Gasol).

Gracias a la ABA, por haber sido una liga espectacular que nos ha dejado la imagen de los pelos “a lo afro”, los balones tricolor y los mates imposibles de Thompson, Doctor J o George Gervin que luego se integrarían en la NBA.

Gracias a Pedro Ferrándiz por ser un innovador y por ser del Madrid. Junto a él, otros grandes entrenadores fueron poco a poco haciendo al baloncesto europeo un poco más fuerte. Hablo de Sandro Gamba o Aza Nikolic.

Gracias a Magic y a Bird por haber compartido época, por haber rivalizado por ser mejores entrenando duramente cada día y por haber desplegado un baloncesto fantástico e innovador. En este sentido me gustaría agradecerle a Pat Riley que supiera adaptar a los jugadores de que dispuso en aquellos magníficos Lakers de los 80. Si Riley hubiera decidido que deberían haberse centrado en defender no hubiera habido ni rastro del “show time”.

Gracias a todos aquellos mitos que se encontraron con la muerte antes de tiempo. Se os recordará por vuestro juego, pero sois algo más que jugadores de baloncesto. Gracias Drazen, gracias Fernando, gracias Len Bias y tantos otros.

Gracias Antonio Díaz Miguel, por aquella plata de Los Ángeles. Gracias Pepu, por el oro de Japón disimulando a duras penas que estabas hundido por la muerte de tu padre. Gracias Scariolo, por el primer europeo de nuestra historia. Pero, especialmente, gracias a todas aquellas generaciones de jugadores de baloncesto españolas que nos habéis mantenido pegados al televisor cada verano.

Gracias Phil Jackson por demostrar que geometría y baloncesto pueden ir de la mano hasta el punto de llenarla de anillos. Gracias Phil por contribuir a convertir al mejor jugador de baloncesto de la historia en un ganador.

Gracias Michael. No por tu ludopatía confesa o por tu matrimonio frustrado. No por tus defectos fuera de la cancha y sí por ser la perfección sobre el parqué. Gracias por ese rectificado con cambio de mano en el aire ante Los Ángeles Lakers. Gracias por aquella exhibición con 39 grados de fiebre. Gracias por aquel tiro imborrable en el sexto partido del sexto anillo. Gracias por haber convertido al baloncesto en uno de los deportes más populares del mundo. Gracias por habernos hecho soñar que el ser humano puede volar.

Y gracias Andrés, por habérnoslo contado con tu personal estilo.

Gracias a todos por estar ahí perdonando errores y contribuyendo a que este blog sobre baloncesto siga adelante. Me dejo a muchos por falta de espacio, no por falta de merecimiento.


UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Mal día para estar por el campo




Si te gusta el baloncesto como a mí y en una misma tarde puedes optar entre ver en directo la reedición de la última final de la Liga Femenina entre el reforzado equipo salmantino del Perfumerías Avenida y su particular némesis, el siempre poderoso Ros Casares o el pasado duelo por la ACB entre Caja Laboral de Vitoria y Regal Barcelona tranquilamente sentado en el sofá de casa, nada te gustaría más que planear un sábado tranquilo para no perderte ningún detalle. Te lo puedo asegurar.

De haber podido el plan hubiera sido el siguiente. Cojo mi bufanda, mi carné de socio y mi abrigo para dirigirme a Würzburg (pabellón en que disputa sus partidos de casa el Perfumerías Avenida) dispuesto a asistir al definitivo cambio de tendencia en el baloncesto femenino (que puede no ser muy femenino, pero sí que es BALONCESTO y esto va por un comentario del pasado post). Por otra parte, habría indicado a mi padre que hubiera puesto a grabar el duelo en la cumbre de la ACB.

Pero no pudo ser. Ni baloncesto femenino, ni duelo en la cumbre, ni cambio de tendencia, ni polémica arbitral. Y no porque no sucedieran todas estas cosas, que lo hicieron, sino porque me tocó asistir a una salida de campo de las que programa mi facultad con un oportunismo casi místico.

Y me tocó leer crónicas y hablar con gente que sí que estuvo allí. Y en un principio sentí envidia, claro, pero también alegría porque el baloncesto sigue caminando por las sendas que le han convertido en un deporte de nivel y prestigio internacional.

En Würzburg, al parecer, la grada estaba llena y el ambiente era inmejorable. De nuevo, apelando a los comentarios del anterior post, una caldera si no “indianesca” sí al menos con cierto sabor balcánico. Pero no volaron sillas. Fue un partido que decidió el talento de las pívots de Perfumerías y de Belinda Snell, una australiana con hielo en las venas. No sé si se puede hablar de un definitivo cambio de roles, de un golpe en la mesa lo suficientemente fuerte como para hacer cambiar el status quo preestablecido. Lo que sí sé es que se trata de un refuerzo moral muy importante para la fe de las chicas del Perfumerías y, especialmente, para una afición que al finalizar el partido gritaba aquello de “Este año SÍ”.

Y en Vitoria, más de lo mismo, pero con distintos protagonistas. Ricky Rubio debió jugar un partidazo. Fue una lástima perdérmelo porque a mí sí que me hace falta recuperar la fe en este chaval ante tanta crítica que recibe y ante tanto palo que se me infringió, cariñosamente, después de las expectativas que había puesto en él de cara al mundial.

Para desgracia de los valores del juego y de su filosofía los árbitros se convirtieron en protagonistas. Reclamaron su cuota de importancia e Ivanovic acabó en la grada, hecho que espoleó a sus huestes, quienes con coraje y buen juego remontaron hasta 12 puntos en los últimos minutos del partido. Sin duda, toda una demostración de carácter de un equipo que no pasa por sus mejores horas en la competición europea, pero que demostró en un partido importante, que no es cuestión ni de calidad ni de gallardía. Brillaron San Emeterio y Barac. Por lo que he podido leer.

Y ahora vacío mi mochila con los apuntes tomados en el campo sobre diferentes especies arbóreas. Fue una gran tarde de baloncesto. Me alegro por los que la pudisteis disfrutar. Nunca me gustó sentir envidia, así que estaré encantado de que me comentéis cómo fue la histórica tarde de un 20-N que no pasará a la historia como otras, pero que sí permanecerá en la mente de los grandes aficionados al baloncesto, incluso de los que estábamos viendo encinas.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

En clave femenina




Cualquiera pudiera creer que el pabellón de Wurzburg está en una explanada del estado de Indiana si entra en su interior y observa la caldera en que se convierte cada miércoles y cada sábado en que el Halcón Perfumerías Avenida juega en casa.

Precisamente, esta misma noche me he sentido un hoosier más en medio de esa atmósfera de baloncesto, de pasión no exenta de conocimiento y de reconocimiento sincero ante la actuación individual en favor del colectivo.

No sé si Lucas Mondelo estudió de cerca la actuación de Gene Hackman en la ya reseñada película en que un instituto de tradición perdedora se transforma en un equipo triunfador. No es que el señor Mondelo haya llegado, precisamente, a un equipo históricamente lastrado por el fracaso. Lo que sí es cierto es que Ros Casares y el resto de grandes equipos de Europa no se ven ya como esos hombres del saco con que se asustaba a los niños para que durmieran. No precisamente.

Esta noche el equipo salmantino ha ganado por 27 puntos de ventaja a un equipo que llegaba con un gran cartel. Silvia Fowles, la Shaquille O´Neal del baloncesto femenino se ha visto dominada por Sancho Lyttle, la caribeña que juega con la intensidad de un Dennis Rodman y con el talento de un Kevin Garnett.

Y siento hacer símiles con jugadores. En una época de constante reclamación de igualdad de derechos y de capacidades el baloncesto femenino aún es coto privado de ciudades medianas, de mercados pequeños y de aficiones noveles.

Sin embargo, la exhibición defensiva tanto en intensidad como en comunicación, la buena gestión de los contraataques y de los estáticos y el equilibrio entre juego interior y exterior bien merecen pagar por ser socio de este club.

Hoy se ha dado un golpe sobre la mesa. Sin embargo, estoy seguro de que entrenador, jugadoras y afición desean más. Talento, actitud, buena gestión y ambición sobran. Ahora sólo hace falta que desaparezca finalmente el complejo de inferioridad que otros años nos relegó a una honrosa, pero amarga, segunda posición en diferentes grandes campeonatos.

Es momento de dar un paso adelante y de hacer ver que el baloncesto no entiende de género, que lo juegan cinco personas por equipo y que, en todo caso, es el balón entrando en la red el que marca la diferencia.

Buenos augurios

13 de noviembre. P.P. Trinitarios-Fernando de Rojas. 12 meses y 1 semana después se repite el emparejamiento con el que debutamos el año pasado.

En estos 372 días han cambiado muchas cosas. De los once jugadores que integraban nuestra plantilla el año pasado ahora siguen siete. Nuestros líderes y jugadores más carismáticos han cambiado de categoría, aunque muchos de ellos siguen ligados a nuestra causa ayudándonos, incluso, a completar entrenamientos con diez jugadores (gracias David Díaz).

A estos siete jugadores se añadió un refuerzo de calidad, Jose, que nos aportará anotación y rebote bajo los tableros. Su adaptación ha sido sorprendentemente rápida y todos estamos encantados con su presencia.

El grupo destaca por su cohesión, por el compañerismo, por el buen nivel medio y por estar muy compensado entre juego interior y exterior. En general, me preocupan pocas cosas en relación con la gestión del grupo porque son chicos modélicos que saben funcionar colectivamente. Sin embargo, ninguna personalidad destaca sobre el resto y a lo mejor, en determinados momentos, podemos echar de menos la figura de un líder.

Pero incluso este aspecto es trabajable y mejorable. En ocasiones, incluso, puede ser el entrenador quien ejerza este papel (a lo Red Auerbach o incluso Pat Riley en su época de los Knicks). Pero yo no fumo puros ni visito asiduamente clínicas de cirugía estética para estirarme la piel. Mi deseo es que el rendimiento en la cancha hable y que a base de defensa, esfuerzo y anotación en momentos difíciles un jugador se erija como esa referencia a la que los otros escuchen cuando tenga algo que decir y al que le entregaremos el balón en los momentos más delicados.

Deportivamente, y no debería dar pistas a los rivales, adolecemos de tiro de larga distancia y de mentalidad de contraataque. Tenemos toda la temporada para mejorar en estos aspectos.

Defensivamente gozamos de gran actitud y compromiso. Nuestro sistema de ayudas funciona por la solidaridad intrínseca del grupo, pero a veces nos olvidamos que la principal responsabilidad en una defensa individual es de cada uno y permitimos excesivas penetraciones.

Realmente estoy jugando a hacer hipótesis. Lo único real es que jugamos mañana contra el mismo rival contra el que debutamos la pasada campaña. Lo único cierto es que acabamos ganando el trofeo provincial. Lo único que sabemos es que dependerá de nosotros el que la historia se repita. No es cuestión de suerte o azar, aunque sí de estar en el lugar adecuado en el momento justo. Y para no faltar con nuestra cita final no deberemos olvidar nuestras citas puntuales con los entrenamientos y con la mejora diaria.

Como diría Sigmund Freud: “He sido un hombre afortunado; en la vida nada me ha sido fácil”.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

Tras la primera en la frente, la segunda por el c...





Siento ser tan implícitamente explícito, pero no puedo evitarlo. En apenas 17 días los Celtics han dado dos golpes sucesivos sobre la mesa de los Heat.

Si el pasado 26 de octubre, en uno de los “Opening Match” más esperados de la historia de la liga, los Celtics demostraron que son un equipo mucho más trabajado y con una mayor profundidad en su rotación interior esta pasada noche, en el extremo sur del estado de Florida, los Heat se han mostrado incapaces de frenar al Big Three de Boston y a su particular quarterback, Rajon Rondo.

Los de Boston, con Shaq recién recibida el alta médica, con Jermaine fuera por una lesión de rodilla y con Perkins que no regresará hasta febrero, supieron frenar tanto a Wade como a Bosh hasta el punto de que Miami parecía tan solo una nueva versión de los Cavaliers en la que cuatro jugadores se remiten a ver jugar a Lebron y a meter los tiros abiertos (ayer para su suerte estuvieron acertados Haslem y House porque si no...).

Que el Big Three de Boston funcionara nada más empezar se debe, en gran medida, a la personalidad y las aptitudes baloncestísticas de sus miembros. Miami necesitará mucho más tiempo. Dos de sus jugadores necesitan acaparar juego, mientras que el tercero en discordia, Chris Bosh, carece de capacidad de liderazgo y de intensidad defensiva. Para Doc Rivers, todo fue mucho más sencillo pues a su disposición se pusieron tres veteranos que dejaron el egoísmo en el cajón donde se guardan las viejas fotografías.

Garnett es una referencia dentro y fuera del campo de un calibre que Bosh ni siquiera puede soñar. Llegó prometiendo trabajo, no títulos. Además, trajo a Boston una actitud defensiva de la que se contagiaron todos sus compañeros. Nadie, antes de 2007 se creería el nivel defensivo que desde entonces han desplegado Ray Allen o Paul Pierce. Y es que el otrora ídolo de los Timberwolves es un verdadero líder. Su “trash talking” puede generarle enemigos y sus salidas de tono le pueden costar más de una técnica, pero nadie puede dudar de su ética de trabajo. El “5” de los Celtics será, siempre, el primero en llegar a entrenar y el último en irse.

Bueno, eso si al entrar al pabellón no se encuentra con un tal Ray Allen tirando tiros desde todas las posiciones o trabajando el acondicionamiento de sus piernas, esos muelles que le elevan con sutileza divina para encestar esas magníficas suspensiones. El gran Jesus Shuttlesworth en “He Got Game” encestó 7 triples de 9 intentos y anotó dos tiros libres decisivos en la victoria de anoche. Ofrece una gran versatilidad al juego de los verdes y su juego sin balón se complementa perfectamente con la mayor necesidad de tocar bola del otro miembro del Big Three.

Paul Pierce no sabía qué iba a ser de su futuro en aquel verano de 2007. Sin embargo, las oportunas llamadas de Danny Ainge comunicándole quiénes iban a ser sus compañeros le hicieron ver que se retiraría como un Celtic. De hecho, la pasada semana se convirtió en el tercer jugador de esta histórica franquicia en anotar 20.000 puntos vestido de verde tras dos leyendas del calibre de John Havlicek (Hondo) y Larry Bird. Quizá no sea tan trabajador como los otros dos, pero cada verano se cuida para llegar al training camp presentando un peso adecuado. El “34” tiene clavado en su mente el séptimo partido de las pasadas finales y, desde entonces, desea venganza. Anoche, para empezar, dejó un recadito vía twitter parafraseando aquella famosa frase de Lebron cuando anunciaba su fichaje por los Heat: “It´s been a pleasure to bring my talents to South Beach”

En definitiva un 2-0 provisional para los Celtics que se han mostrado como el equipo a batir en la Conferencia Este. Todo ello con el trabajo, la humildad y el compañerismo como banderas a enarbolar. Por separado pueden ir más rápido, pero juntos llegarán más lejos.

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V.I.H.



Tal día como hoy, hace 19 años, se produjo uno de los acontecimientos más importantes de la historia del deporte. Uno de los mayores genios del deporte del baloncesto y, sin duda, hasta la fecha, el mejor base que ha jugado a este juego, anunciaba su retirada por haber sido contagiado con el VIH y por haber desarrollado un cuadro de sida.

Con sus 2,03 metros y su eterna sonrisa fascinó a todos los aficionados, incluidos los de su archienemiga franquicia de los Celtics, y consiguió cambiar el destino de una liga que atravesaba, a su llegada, uno de los períodos más negros por la mala gestión de los comisionados y por la ausencia de talento a pesar de la reciente fusión con la ABA.

No tuve la suerte de vivir su época dorada, de ver sus cinco anillos, su dominio táctico y sentimental de un juego al que añadió una nueva dimensión. Lamento no haber seguido en directo aquellos años 80 en que la rivalidad Celtics-Lakers marcaba el devenir de la competición. Magic y Larry abrían los periódicos deportivos sólo para conocer qué habían hecho sus máximos rivales y cada junio se citaban para el siguiente, para verse en las finales, algo que hicieron sólo en 3 ocasiones con dos victorias para Los Ángeles y una para Boston (por la dura competencia de Detroit en el este y de Houston en el oeste).

Pero ya desde finales de los años 80 sonaban campanas de funeral para estos dos jugadores y sus franquicias. Los Pistons dominaban el este y vencerían en dos ocasiones a los Lakers en las finales. Aquel 7 de noviembre de 1991 Larry Bird era ya una mala imitación de lo que había sido por sus fuertes dolores en la espalda. Magic venía de perder la final de la anterior temporada ante unos Bulls que habrían de tomar el testigo de la hegemonía baloncestística de la mano de Michael Jordan, pero nadie esperaba lo que Magic habría de decir en aquella rueda de prensa ofrecida en directa por la CNN.

Y si durante años emocionó a todos los seguidores de baloncesto, entonces se hizo el silencio. Si ahora el sida es una enfermedad comúnmente reconocida y con la que conviven cientos de miles de seres humanos, hace dos décadas suponía además de una enfermedad casi mortal, un estigma para todo aquel que la contrajera. Por eso la sonrisa de Magic se desvaneció, por eso miles de llantos invadieron las casas de todo el mundo, sobre todo los de aquellos niños que no podían entender cómo su ídolo no estaba inmunizado ante este tipo de afección que sólo debería afectar a la gente normal.

Pero es que Earvin Johnson siempre fue un chico normal del medio oeste norteamericano. Un chico normal al que le fue concedido un don que tuvo el placer de compartir con todos nosotros. Pero sólo, y al fin y al cabo, un chaval que dejó amigos por el camino y que dedicará el resto de su vida a luchar contra esta enfermedad que, si bien para alguien con sus ingresos no es mortífera, sí que lo es en aquellos lugares donde no existen los mismos niveles de detección precoz y de disposición de retrovirales.

Por eso, me gustaría saber, lo que supuso para vosotros la figura de Magic hayáis podido, o no, seguir su carrera en directo. Algún día hablaré de su genial carrera y de sus contraataques. Hoy, por ser la fecha que es, tocaba hablar de cuando Johnson nos emocionó vestido de traje y sin aquella mítica y perenne sonrisa.



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Glory Road



Aprovechando la festividad del 1 de noviembre y mientras planchaba la ropa acumulada de la semana decidí acompañar la ardua y repetitiva tarea con el visionado de una película con el baloncesto como telón de fondo y la segregación racial como leitmotiv.

Glory Road es la historia (real) de un equipo de una modesta universidad afincada en El Paso en la que el Fútbol Americano es el principal reclamo, mientras el baloncesto apenas se abre camino entre la maleza. En este tradicional college va a aterrizar el anterior entrenador de un equipo femenino con la intención de crear un proyecto ganador. Don Haskins falleció hace apenas dos años y forma parte del Hall of Fame del baloncesto universitario, pero entonces, en aquel 1967, arriesgaría más que su propia carrera trabajando por aquello en lo que cree.

Ante la dificultad para reclutar buenos jugadores, Don Haskins extendió sus miras a lugares lejanos y no se limitó a jugadores blancos para su proyecto ganador. La inclusión de siete jugadores de raza negra convulsionó a la conservadora y republicana Texas.

Los años 60 fueron una época difícil, pero por fortuna supusieron el necesario punto de inflexión en la tendencia xenófoba que caracterizaba al país especialmente en su sector más meridional. Gracias a la actuación de grandes líderes como Martin Luther King y otros activistas del conocido como “black power” la minoría negra empezó a tener voz y a ser respetada. Sin embargo, muchas veces se ha infravalorado la labor de jugadores como Elgin Baylor, Bill Russell o Wilt Chamberlain y su contribución a la recuperación de la autoestima de toda la sociedad afroamericana. Ellos, los jugadores negros, pasaron penurias pero supieron reponerse y demostrar que en la cancha, si había una raza superior, ésa era la afroamericana.

El equipo de Western Texas que se refleja en la película fue un caso paradigmático de tolerancia y respeto en el interior del vestuario y de autoafirmación hacia el exterior. Sin duda, la figura de Don Haskins, representado por Josh Lucas, fue clave para mantener la unidad necesaria y el enfoque en lo único que de verdad importaba por encima de vejaciones y amenazas: el baloncesto.

Para los amantes del baloncesto decir que aparecen figuras míticas de nuestro deporte como Jo Jo White (mítico escolta de los Celtics básico en los anillos del 74 y del 76), Pat Riley (drafteado tanto para la NBA como para la NFL) o Adolph Rupp mítico entrenador universitario de la no menos mítica Universidad de Kentucky.

Sólo me queda invitaros a disfrutar con la temporada 1966-1967 de uno de los equipos más sorprendentes de la historia del baloncesto universitario al que sólo se pueden equiparar Villanova 1985 y Butler 2010 en cuanto a la magnitud de su proeza. No se puede catalogar como una gran película, pero sí puedo afirmar que es entretenida y que está bien rodada. Lo mejor, sin duda, la historia que se relata.

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