Diario de un encierro. Día XLIII





Equipo improvisador vale por dos

Quizá vaya siendo hora de hablar de baloncesto- Por cierto, no sé si hacer deporte “individualmente” habilita para echar unos tiros en uno de esos parques que siempre están vacíos o si la conquista se circunscribe al jogging, al footing o a lo que solíamos llamar correr. Yo lo intentaré el primer día, ya lo aviso. Sanitariamente no creo que haya problema, el próximo domingo habrán pasado cincuenta días sin que nadie, salvo perros (y no se infectan), haya pisado una cancha de baloncesto. Eso sí, espero que a nadie más se le ocurra. Esta vez ya pueden venir los mayores armados con navajas que no me pienso mover.

Pero hablemos de baloncesto, les decía. Aprovechando que un amigo me pidió ideas para compartir con entrenadores de su club, me dio por discurrir un poco, algo que no sale fácil toda vez que el mundo se ha visto reducido de golpe a las cuatro paredes de la casa y a las 17 pulgadas del monitor. Estas fueron tres ideas que me vinieron a la cabeza.

En cuestiones técnicas, también artísticas, cuanto peor es el modelo peor es la copia, aunque existan posibilidades de que la copia supere al original, como el alumno puede superar al maestro. Ello para empezar a utilizar los medios audiovisuales en los entrenamientos de técnica individual y ajustar los gestos a enseñar a los parámetros anatómicos de cada jugador. No enseñen vídeos de Chris Paul a su cadete de 1,92, ni intenten enseñar gestos de Kevin Durant a su base jugoncete. Simplemente, no es lo mismo.

X + Y Z Es decir, para llegar al punto final de un proceso de enseñanza no creo en la segmentación del mismo ni en las fases transitorias que muchas veces pueden ser contraproducentes y contradictorias. En mi opinión el primer paso para hacer bien Z es hacerlo mal, muy mal, rematadamente mal. Así fue también el primer ensayo del musical El rey león o del último directo del Circo del sol. Pondré un ejemplo: para que un jugador sea efectivo en situaciones de “spot up” o recepción con ligera ventaja (posicional, temporal o espacial) el paso previo no es enseñar a parar el balón, subirlo por encima de la cabeza, mirar, pivotar,… Si queremos jugadores que tomen rápidas decisiones antes de tener el balón en sus manos tendremos que mejorar su capacidad de percepción/análisis intuitivo y trabajar únicamente con herramientas que sean compatibles con la velocidad de juego que exige el baloncesto actual: ejecución rápida de tiro, pase extra o puesta del balón en el suelo con múltiples recursos, incluido el paso cero. Y convivir con el error, primero en entornos no estresantes y luego, por supuesto, también en competición. 

De la concentración de la culpa a la difusión de la responsabilidad. Creo que como entrenadores tenemos que determinar qué clima queremos que reine en nuestros entrenamientos. Si toda la carga del reproche, en la medida en que la corrección se produce siempre sobre un error por alejamiento de la acción de un jugador sobre el plan previsto, cae sobre el infractor, crearemos equipos jurado. De ahí que siempre que una acción del juego no desemboca en una acción positiva me guste poner el foco en la reacción, en la falta de creatividad de quienes asistieron a ese alejamiento del plan previsto y se quedaron paralizados, cuando no culpando al compañero. En mi opinión, los grandes equipos de la historia fueron grandes improvisadores sobre la base de un guion. Creo, además, que esta es la principal característica de un equipo imposible de analizar o “scoutear”, el grado de improvisación, no la modificación sistematizada de 90 jugadas.



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS.

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