Diario de un encierro. Día XLII




Escapismo y autojustificación.



A veces tengo la sensación de que es obligatorio participar en el clima de “aquí no pasa nada” que sibilinamente nos venden los profetas del optimismo. Y algunas veces hasta me lo creo y me digo “qué bien, otro día con más muertos que en el mayor atentado de la historia de España y confinado sin hijos, perro o trabajo considerado medianamente esencial que hiciera las veces de salvoconducto y remedio terapéutico, pero qué bien, era verdad que el ser humano se adapta a todo”. Ello mientras las horas se consumen entre actividades varias con mayor velocidad que antes de la cuarentena, entre otras cosas porque ya no existe la excusa de estar en tránsito o haciendo lo que tienes que hacer para ignorarlas, aunque te siga tocando hacer lo que tienes que hacer, no sabes muy bien los motivos.

Creo que esto les pasa también a muchos clubes, y lo celebro, anfitriones de numerosas orgías del conocimiento y la metodología baloncestística que han sabido convertir la necesidad en virtud y la crisis en oportunidad y, entre adagio y adagio, se fuman unos puros metafóricos y se dan golpes de pecho. He podido ver alguna de sus charlas y, en primer lugar, he de celebrar que exista este interés por hablar de baloncesto, compartir, enseñar y aprender, vaya esto por delante. Sin embargo, muchas veces me parece que el principal interés es autojustificativo y escapista.

Autojustificativo para tratar de explicar los salarios que se mantienen, las cuotas que no se han retirado, el puesto, el cargo o los futuros contratos o colaboraciones. Escapista porque a veces pienso que los tíos que se enfrascan en debates sobre aspectos muy concretos del baloncesto, yo el primero, creen que mañana se levantarán e irán al pabellón como lo hacían el 1 de marzo en Figueres, Vigo o La Línea de la Concepción. Y señores, lo que toca ahora es aprenderse el manual de supervivencia: cómo se hincha el salvavidas, cuántos días aguanta el cuerpo humano sin comer y, en todo caso, educar el espíritu para los tiempos difíciles; para el “no”, el “vuelva usted mañana” y el “no es usted prioridad para este ministerio”.

Toca apelar a la resistencia íntima, a la resignación sublime, a todas estas uniones de sustantivo y adjetivo que nada tienen que ver con la desescalada progresiva o el desconfinamiento gradual. En paralelo al cumplimiento de las normas y el cuidado, por acción u omisión de nuestros familiares, debe ir este cultivo, este lento cultivo para el que no hay crisis que se convierten en oportunidades ni demás frases hechas. Mejoren su relación consigo mismo, distánciense socialmente del baloncesto, abróchense las mascarillas antes de hablar sin reflexionar y apaguen el televisor cuando el experto les cuente aquello que su hijo de siete años, el que les va a sacar de casa el domingo, y no al revés, ya sabía porque se lo había contado Carlos, Antón o como quiera que se llame su amigo imaginario.



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

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