El Coloso de Rodas





Si algo se puede decir del pueblo griego a lo largo de su dilatada historia es que muy pocas veces caminó por la senda de la indiferencia. Si antes de la llegada de los romanos por poniente y de los persas por oriente su imperio se extendió por vastas extensiones de mar y tierra especialmente a los hombros de Alejandro Magno no harían falta que pasaran muchos siglos para que toda su riqueza quedara en manos del Imperio Romano de Oriente y, posteriormente, en posesión de los turcos otomanos quienes actuaron con mano de hierro (y poco sentido común) al destruir gran parte del legado cultural del helenismo.

En 2011 su economía naufraga como en 1827 lo hicieron los navíos turcos frente a El Pireo. Ahora que el país heleno lanza constantes mensajes en petición de rescate, justo ahora, creo que es un buen momento para recordar a uno de los principales mitos del deporte de equipo en el que con más éxito han competido los griegos. Hablo de baloncesto. Hablo de Nikos Galis.

Pelo en piernas, pecho y hombros. Nada de tatuajes, ni rastro de metrosexualidad. 1,85 metros de pura hombría. Precoz conocedor de la miseria humana, Nikos nació en New Jersey en el seno de una familia pobre que había emigrado desde la isla de Rodas. Su carrera deportiva la desarrolló en un instituto de la zona para después enrolar en las filas de Seton Hall, universidad en la que durante su última temporada alcanzó el honor de ser el tercer máximo anotador de la nación por detrás de un tal Larry Bird.

Y su vida deportiva empezó como acabó, es decir, ligada a un verde trébol de tres hojas, a dos equipos históricos en los que no cosechó los éxitos esperados. Mal asesorado por su agente y tras no realizar ningún "workout" previo a la noche del Draft fue elegido en cuarta ronda, en sexagésimo octava posición, por los Boston Celtics. Precisamente, ese mismo verano, en un campus de entrenamiento de la franquicia de Massachussets se lesionaría y no volvería ni siquiera a soñar con vestir la histórica camiseta en lo que Red Auerbach confesó como su único error en su labor como General Manager de los Celtics.

Galis renunciaría a alguna postrera oferta para regresar a la NBA toda vez que había decidido jugar en el país en el que nacieron sus padres, en su única y verdadera patria, en el equipo de su vida, el Aris de Salónica. Pero no fueron sólo sus sentimientos los que le llevaron a negarse a deshacer el camino e intentar triunfar en la mejor liga del mundo. Fue más bien el estatus de jugador no profesional que se exigía para poder disputar partidos con su selección. Y es que jugar con la albiazulada elástica en representación de su país significaba mucho para el joven emigrante.

Y a partir de ahí el éxito. Dominador de todos los registros, hábil con ambas manos, excelso finalizador a pesar de su limitada estatura y mejor pasador de lo que quienes le han visto jugar creen debido a que su principal cometido era anotar una y otra vez. Lo hacía apoyándose en tabla, finalizando con una mano por elevación o con ambas en suspensión. Casi siempre en las proximidades del aro aprovechando su timing de salto y su infinita capacidad para corregir su posición en el aire. Jugaba con la pasión de un Michael Jordan, aunque era más bien un Wade adelantado a su tiempo.

Sus ocho ligas y siete copas griegas son un corto palmarés para lo que pudo ser. Pudiendo jugar en los grandes equipos europeos de los años 80 como el Pallacanestro Cantú, el Olimpia de Milán o el Maccabi de Tel Aviv (los españoles estuvieron toda la década un paso por detrás y la Cibona o la Jugoplastika sólo utilizaba jugadores de la casa) optó por la fidelidad a su club de siempre que sólo abandonaría para retirarse en el Panathinaikos donde disputaría dos temporadas en las que aún desplegó gran parte de su talento. Sus récords son viva historia del baloncesto continental. Fue máximo anotador en once campeonatos griegos y ocho Copas de Europa, mejor jugador en cuatro campeonatos griegos y también máximo anotador en todos los Eurobasket desde 1983 hasta 1991 (salvo el de 1985 en el que Grecia no participó) incluido el de 1987 en el que fue elegido el mejor jugador llevando a su selección a la victoria en la final en la que anotó 40 puntos. En 1989 Grecia volvería a otra final del Campeonato de Europa tras superar de nuevo en semifinales a la Unión Soviética de Sabonis y de su directo rival en la cancha Sarunas Marciulionis, anotando 45 puntos.

Y curiosamente, en un partido no televisado en el que Aris se enfrentaba a la North Carolina de Dean Smith Nikos anotaría 50 puntos defendido en muchos momentos por alguien que también os debe de sonar. Michael Jordan.

Podría estar horas y horas comentando récords de anotación, alabando su infravalorada capacidad para asistir, mencionando sus múltiples formas para introducir el balón en el aro y, sin embargo, voy a terminar por el final de su carrera. Propio de un genio y de su locura, de su ego y de su pasado. Digno de un orgulloso griego, del ardor de un hijo del Mediterráneo al que ni siquiera el frío de New Jersey le hizo renunciar a sus orígenes. Nikos Gallis no volvería a pisar una cancha de baloncesto después de que el 18 de octubre de 1994 su entrenador Kostas Politis decidiera no introducirle en el quinteto inicial en una época, tengámoslo en cuenta, en el que los cinco titulares disputaban prácticamente 35 minutos de juego y en el que las estrellas vivían en un mundo diferente y muy alejado del de los suplentes.

Si Hollywood vivió su época dorada en los años cuarenta y cincuenta o si nosotros, los españoles, hablamos del XVII como de nuestro siglo de oro, permitidme recurrir de nuevo a la nostalgia para rememorar una época que no pude seguir a consecuencia de mi edad, pero que ha debido ser, sin duda, la más bella y competitiva del baloncesto en Europa. La de los Epi y Martín; la de Dino Meneghin (en sus últimos años) o Antonello Riva, la de Petrovic o Dalipagic; la de Marciulonis y Sabonis; la de los primeros años de Kukoc o Radja; la de Giannakis y Gallis.

Para finalizar dejo caer un debate, el de mejor jugador griego de la historia. Es una llamada para quienes vieron a Giannakis, para quienes ahora disfrutamos de Papaloukas, para quienes nos desesperamos con el tiro exterior de Alvertis o para los que nos maravillamos con la elegancia de Nick Fassoulas. Yo, a pesar de que soy un enamorado del control de los tiempos y del juego de pick and roll de Theodoros, me quedo con el Coloso de Rodas, con Nikos Galis miembro, por cierto, del Hall of Fame de la Fiba desde 2007. ¡Genio!



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

6 comentarios:

LaFura dijo...

Siempre he pensado que junto a la definición de “jugón” deberían pegar la foto de N. Galis.
Americano negro, bajito, saltarín, malabarista y anotador compulsivo. Esto puede definir muy bien al “jugón” actual. Pero mucho antes de todos estos, estuvo Nikos Galis.
Un placer para la vista y los sentidos. Baloncesto de ataque en estado puro.

¡¡¡JUGÓN!!!.

JordanyPippen dijo...

Galis, con ese fisico era un superclase. Con 1,85 era imparable, pues imaginemos que hubiera medido 1,95... apaga y vamonos

Juan José Nieto dijo...

Totalmente de acuerdo con vosotros. Difícil elección entre este anotador compulsivo y el Von Karajan del basket, Theo Papaloukas, principal artífice de la plata de Grecia en el Mundial de 2006.

Anónimo dijo...

Era buenísimo, pero me quedo con Papaloukas. Al final, hasta del talento innato para anotar te cansas. De la inteligencia y la variedad de recursos, jamás ;) Por supuestos sin quitar un ápice de mérito a este coloso, como dices :)

Saludos, Explorador, desde su ordenador, que le odia xDD

Juan José Nieto dijo...

Yo soy Papaloukista al máximo y, sin embargo, a la vista de los números y de los vídeos no puedo más que rendirme al señor Galis. Gracias Explorador, por hacer un esfuerzo de comentar sin la ayuda de blogger jaja.

Anónimo dijo...

Desde mi punto de vista Nicos fue el mejor,es decesos jugadores vanguardistas que juegan de manera diferente al resto, con movimientos y tiros diferentes a lo anteriormente visto. Esos jugadores que crean algo diferente y que funciona hasta el punto de ser los mejores, que cojen un balon y se crean su propia jugada, con su propio movimiento personal, que el defensor sabe lo que va a hacer pero es imparable.....P.palazon

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