Ourense no tiene aeropuerto




Ourense no tiene aeropuerto. Para visitar sus iglesias de arte románico o para pasear por las orillas del Miño deberemos recurrir al transporte por carretera o al ferrocarril. También, siguiendo las calzadas por ellos construidas, los romanos llegaron al interior de las tierras gallegas para explotar los yacimientos auríferos y las aguas termales. Veinte siglos de historia apenas cambiaron nada. Creció la población y se asumieron nuevas funciones administrativas. Sin embargo, la capital del interior de Galicia seguía, y sigue, siendo una gran desconocida.

Pero no todo lo que ha acontecido en Ourense en los últimos veinte años ha sucedido a ras de suelo. No, desde que en coche, tal vez en tren, llegaran a la ciudad dos chicos estadounidenses (primero uno y dos años más tarde el otro) que apenas podían ubicar en la esfera terrestre la Península Ibérica. Chandler Thompson y Darrell Armstrong.

Bajo el patrocinio primero de una caja de ahorros y, después, de una cooperativa agroalimentaria de la zona, la afición al baloncesto se instaló en la ciudad. Así, en la temporada 1987-1988 el COB (Club Ourense Baloncesto) arrancaba la competición en la Primera División B y en ella se mantendría hasta que en 1989 consiguiera el ascenso a la liga ACB, cosechando un hito histórico para el deporte de la provincia. En ella peleó ininterrumpidamente hasta 1998 para luego regresar en 2001, último año en el que el club militó en la máxima categoría de nuestro baloncesto.

En términos deportivos, los mejores años fueron los primeros de la década de los 90. De la mano del Mago de Memphis, Andre Turner, el por entonces Coren Orense finalizó octavo en dos ocasiones consecutivas (92-93 y 93-94). Como era de prever, el genial base norteamericano recibiría un aluvión de ofertas hasta terminar aceptando la propuesta de un clásico de nuestra liga, El CAI Zaragoza (en aquella época Amway).

Su baja causó estragos dentro de las oficinas del club. Es de sobra conocida la importancia de contar en tus filas con un buen director de juego que haga mejor a sus compañeros, que les ponga la bola donde y cuando la quieren manteniendo alta, al mismo tiempo, la moral del colectivo. Andre Turner hacía todo eso, y mucho más. ¿Podría hacer lo mismo la reciente incorporación, Darrell Armstrong?

Seguramente no. El nuevo fichaje, procedente de la liga chipriota, no contaba con una experiencia tan contrastada en el baloncesto y su “basketball IQ” (conocimiento del juego) estaba a años luz del de Turner. Es más, hasta su último año de instituto el base nacido en Carolina del Norte no había formado parte de un equipo como tal. Las dudas se multiplicaron con las primeras derrotas y la temporada fue más bien mediocre (decimoquinta posición) No así sus números de estrella con 24,6 puntos y 5,4 rebotes por partido que le catapultarían, no sin dificultades, hacia la mejor liga del mundo, la NBA. Eso sí, no se marcharía sin antes regalarnos, junto a su compañero de equipo Chandler Thompson, el mejor concurso de mates de la historia de la ACB. 



La vida de Thompson transcurrió en su estado natal, Indiana, la catedral del baloncesto, hasta terminar su ciclo universitario. Elegido en tercera ronda del Draft de la CBA, Chandler entendió que si quería llegar algún día a la NBA debería pasar antes por Europa. Y aterrizó en Ourense. Bueno, en realidad no. Llegó a Madrid y desde allí se desplazó hasta la villa gallega para iniciar una exitosa carrera en el baloncesto profesional. Thompson destacó pronto por sus cualidades atléticas. Como él mismo reconoce, “simplemente pensaba en machacarla por encima de mi rival”. Poco a poco su juego se fue depurando y a través de duras sesiones de entrenamiento pudo incluir en su repertorio un tiro exterior que las defensas rivales debían vigilar. Gracias a sus mejoras recalaría en las filas del Estudiantes, un club puntero con el que ganaría una Copa del Rey y jugaría una final de la Copa Korac. En su palmarés lucen, también, los cuatro concursos de mates que logró. El más espectacular de todos ellos, en Valencia. 



Era 14 de noviembre y en la ciudad del Turia se habían dado cita las más rutilantes estrellas del occidente europeo. El All Star reunía a los mejores jugadores no sólo de la ACB, sino también de la LEGA italiana y del campeonato Pro A francés. Djordjevic y Bodiroga atrajeron todos los focos al enfrentarse, cara a cara, en la final del concurso de triples (como era de esperar ganó Sasha Djordjevic) e, instantes después, saltaron a la cancha para calentar Jeff Sanders (Estudiantes), Harper Williams (Estudiantes), Conrad Macrae (Pau Orthez y tristemente fallecido pocos años después), Ron Curry y los dos representantes del Coren Orense, Darrell Armstrong, “el astronauta” y Chandler Thompson, el defensor del título.

Se sucedieron tomahawks, trescientos sesentas, saltos por encima de voluntarios, mates con el agarre típico del Doctor J,... Impresionó a la afición Conrad Mcrae al hacer arder la pelota. Lástima que la cera aplicada fuera insuficiente como para que el fuego resistiera la velocidad de una carrera que culminó con la elevación del jugador por encima de tres miembros de la organización, el tercero de ellos de pie. Sin embargo, el duelo estaba servido entre los dos compañeros del Coren, entre los dos norteamericanos de 1,82 y 1,91 que situaron a Ourense en el mapa volando por el aire de Valencia, cosechando puntuaciones de 50, una después de la otra. Los aficionados presentes en la Fuente de San Luis asistían de pie a un espectáculo que, sabían, no sería fácil de repetir. Otros, ante el televisor, nos frotábamos los ojos para discernir si todo aquello era real o sólo un simple sueño de otoño. 



Es 2012 y Ourense sigue sin tener aeropuerto. Sin embargo, hace casi 18 años, dos aviones volaron en Valencia con la camiseta del Coren para poner en el mapa a una ciudad que, durante muchos años, respiró puro baloncesto.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

2 comentarios:

Javier Palao dijo...

Sin duda, mejor que el penoso concurso de este año, aunque al nivel de la FIBA, no de la NBA, porque la mayoría son mates sencillos o ya vistos por Kenny Sky Walker.

Auqí los que saben matar son los cracks de la nba, Carter, McGrady, Kobe, Webb, Drexler, Kemp, Dr., Miner, Brown, El del año pasado no estuvo mal, con Griffin, Ibaka y McGee, pero por supuesto, hay que recordar a Wilkins y Jordan.

El año que viene estaría bien ver a:

LeBron
Griffin
Wesbrook
Shannon Brown
Josh Smith
DeRozan
y... Wall!!!

Creo que sería un concurso interesante, y por supuesto con jurado, que le da más expectación y justicia a las votaciones.

Pero que lo hagan por diversión, por la NBA, por los FANS... No por 1MM de $$$. Eso es lamentable. Ahora los jugadores si no les hacen + ricos, no defienden, no atacan, no participan... En fin que asco de mundo...

Abrazos!!

Juan José Nieto dijo...

¿No incluyes ni a Jordan, ni a Wilkins ni a Jason Richardson? Para mí fueron los autores de alguno de los mejores mates que se recuerdan.

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