A mitos no Sixers, a mitos no





En Philadelphia, la ciudad del amor fraterno, el deporte se vive con mucha intensidad. Con los Flyers (hockey hielo) eliminados, los Phillies (beísbol) últimos de su división y los Eagles a la búsqueda de una identidad propia más allá de los milagros que pueda hacer Michael Vick, todos los esfuerzos se vuelcan ahora en lo que puedan lograr los de Doug Collins en el séptimo partido de la Semifinal de Conferencia contra los Celtics. Y si no me creéis comprobadlo vosotros mismos visitando esta página.

Desde que en 2001, de la mano de Larry Brown y con Allen Iverson como estandarte, llegaran a la final de la NBA han pasado once años. Once años instalados en la mediocridad marcados por la inestabilidad en el banquillo y por la ausencia de jugadores franquicia. Sólo un hombre ha permanecido fiel en todos este tiempo. Su nombre es Andre Iguodala y, aunque no se trate de una estrella, pocos jugadores pueden presumir de una mayor honradez profesional. Iguodala es el pegamento que mantiene unida a una plantilla muy joven sustentada sobre el talento de los Holiday, Williams o Turner. Elton Brand, antiguo número 1 del draft hace las veces de veterano e inculca, a través del ejemplo, profesionalidad dentro del vestuario. Doug Collins, acusado durante su época en los primeros Bulls de Jordan de excesivamente táctico, ejerce ahora de maestro de escuela insistiendo en aspectos como la dureza mental o la agresividad defensiva.

Ahora los jóvenes Sixers tienen a los veteranos Celtics contra las cuerdas. La lesión de Avery Bradley ha venido a aumentar la porosidad de la defensa verde, una retaguardia que con Ray Allen de vuelta a la titularidad, sufre en sus carnes el poderoso juego uno contra uno de los de Philadelphia. Por otro lado, jugadores como Allen o Hawes, gracias a su acierto desde los cinco metros, están consiguiendo sacar a Garnett de la zona impidiéndole desarrollar su fantástica defensa de ayudas.

Un hipotético buen arranque haría que el factor cancha se volviese en contra de unos jugadores de los Celtics que saben que están disputando sus últimos minutos juntos. Si el marcador se pone a favor de los visitantes no se sorprendan si Pierce, Rondo o Garnett empiezan a asumir el papel de superhéroes y que Doc Rivers se sienta incapaz de dominar esos egos revividos. Sólo una cosa podría salvar entonces a los de Boston. La mística de un parqué que aunque trasladado de lugar aún conserva las huellas, el sudor y la sangre de los muchos hombres que a lo largo de la historia de la franquicia del trébol se enfundaron la chamarra verde para conducirla a 17 anillos y a otras tantas noches inolvidables. 



De mística, de héroes y leyendas, tiraron también los Sixers al comienzo del sexto partido. En el videomarcador recordaron la victoria de 1982 ante los Celtics de Larry y el propio Allen Iverson, arruinado no sabemos cómo, se dirigió a la grada para demandarles un apoyo incondicional. Y funcionó. Pero en esa batalla de mitos, en esa partida de ajedrez, Boston juega con blancas. En la grada del Garden estarán Bob Cousy, John Havlicek, Tom Heinshon (comentarista para la televisión), Danny Ainge (General Manager) y Bill Russell (11 anillos, 9 de ellos consecutivos). Puede que también Kevin McHale o Robert Parish. Quizá Dave Cowens. Seguro Red allá en el cielo puro en mano. También Larry, en su rancho de French Lick sentado frente al televisor. Célticos exitosos, célticos de pura cepa que en un duelo de históricos ganarían, estoy convencido, a los Erving, Barkley, Moses Malone, Allen Iverson o Wilt Chamberlain. No porque uno a uno los Celtics tuvieran mejores jugadores. Sí porque, a diferencia de éstos de los Sixers, la mayoría de los mitos vivientes de los de Boston no conocieron más color que el verde. El verde y el blanco de la franquicia más exitosa de la historia del baloncesto. 



Déjenme hacer una doble apuesta. Si el partido se juega en transición, de un modo físico y a pecho descubierto gana Philadelphia. Si, por el contrario, el encuentro se convierte en una batalla de orgullo y tradición, de amor al baloncesto, entonces, queridos amigos, ganan los Celtics. Los de ahora y los de antes. Los de siempre. Que así sea. 



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Refrito habitual al que nos tiene acostumbrado Juanjose. De vez en cuando nos podrías regalar algún artículo al estilo Ferran Adriá y no servirnos la típica morcilla con su dosis de colesterol, dicho con todo mi respeto.

Adolece de algunas imprecisiones al utilizar ciertos recursos estilísticos.

De todos modos ya sabes que si necesitas que te eche una mano, aquí estoy,pongo mi experiencia periodística a tu servicio.

Creo que el tema daba para más aunque hay alguna cosilla que no estaba mal.

Luis

Javier Palao dijo...

Entiendo tu post, es un momento duro, un 7º que huele a despedida de una dinastía. Un final y un comienzo.

Pero últimamente estás muy reiterativo con Boston y algo monotemático, siempre desde el mismo prisma.

Y vuelvo a entenderte, es amor por el deporte, por un equipo y su forma de entender el basket. La pasión desenfrenada de un fan en toda regla, y claro en este contexto... Uno se sienta y se pone a escribir...

Suerte mañana con el 7º.

Me parece bien cualquier resultado, Boston - Miami será épico y un duelo lleno de pasión entre el viejo y el nuevo BIG3.

Philly - Heat, sin duda una sorpresa (agradable y merecida) y un duelo físico digno de un combate de boxeo mezclado con una carrera de galgos.

En cualquier caso, espero que pierda Miami en la siguiente fase.

Sobre otras cosas, te comentaré en persona ;)

Abrazos!!

Juan José Nieto dijo...

Gracias Luis, lo tendré en cuenta.

Javi, en los últimos diez posts escribo sobre:

a. El significado de la victoria.
b. Los Lakers y su gestión.
c. La final de la Euroliga.
d. La oposición de baloncestos entre conferencias (cómo no van a aparecer los Celtics como referencia en el Este).
e. Los problemas de Miami (benditos problemas me dirán).
f.El final de la temporada en el club.
g. La próxima final de la Conferencia Oeste.
h. La temporalidad del cargo de entrenador.
i. Las exhibiciones de Lebron y Wade.

Y al décimo día, en la jornada previa a un séptimo partido, de los Celtics. Y no sólo de los Celtics, también de los Sixers de ahora y de los de antes. Mi tesis, que todas sus estrellas históricas estuvieron en Philadelphia de paso por contraposición a la fidelidad que demostraron los Russell, Havlicek, Bird o McHale.

Vamos, que no veo yo que este blog sea monotemático. Ya nos dirá Luis si es así.

Explorador dijo...

De refrito nada. Ilustrativo y ameno, como siempre. Un saludo :)

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