Lebron Wade






Ya sabemos el nombre del tercer finalista de conferencia. Serán los Miami Heat, los mismos a los que criticaba en un pasado post por la toxicidad de sus activos y por el escaso compromiso que hasta entonces había demostrado Dwyane Wade. Desde aquel partido, desde aquella charla animada entre Spoelstra y Wade, los Heat han presentado en el campo una agresiva defensa basada en la presión de las líneas de pase y en el colapso casi total de la zona.

En el otro lado de la pista Miami decidió hacerlo sencillo, simplificar el juego y confiarse a la inspiración de su mejor jugador, Lebron Wade, una especie de híbrido que viene promediando 70 puntos en los últimos tres encuentros. Con cinta o con ella, con el “3” o con el “6”, los Pacers sólo pudieron ver cómo una vez tras otra, y a pesar de la intimidación de Hibbert, este jugador alcanzaba las inmediaciones del aro para golpear la moral de unos chicos de Indiana que, además de pagar la novatada, se tuvieron que enfrentar a la mejor versión de una dupla que, perdónenme los amantes de aquella otra Jordan-Pippen (y otras como Robertson-Alcindor o Bryant-O´Neal), dentro de unos años, tal vez, logre consolidarse como la mejor de todos los tiempos.

Lebron y Wade se sienten más cómodos sin Bosh. Los espacios se multiplican con la fórmula de un jornalero, dos tiradores y dos estrellas. En ocasiones, en el baloncesto, como en la cama (más allá de gustos) o en el baile, tres son multitud. Fueron claves, anoche, los triples de Mike Miller pues éstos vinieron a arruinar los planes que Vogel tenía para los dos últimos cuartos. Cómo doblar a Lebron o a Wade, buenos pasadores especialmente el primero, si el precio a pagar es dejar abierto a un Mike Miller con la mano tonta.

Y claro, en esas células de aislamiento con espacios infinitos que diseñó Spoelstra, no hay dos tíos mejores que James y Wade. Dando una clase de cómo utilizar el primer paso, a través de salidas abiertas o cruzadas, tras finta o sin ella, rompieron en pedazos la zona rival y, ante la presencia del gigante Hibbert, nos dieron otro clínic de cómo utilizar el cuerpo para anotar con oposición cerca del aro.

Ténganlo claro. No es sólo físico. Es tacto. Es dominio del cuerpo. Es ambición. Es deseo. Es talento. Son muchas horas de entrenamiento en las frías canchas de Akron y Chicago. Después de lo visto ayer, aunque ello suponga enmendarme la plana a mí mismo, los Heat tienen el panorama despejado para llegar a la final de la NBA. Eso sí, ya sea su rival Boston o Philadelphia, pueden ir entrenando ataques contra zona porque ni Rivers ni Collins estarán dispuestos a ver cómo ese jugador soñado llamado Lebron Wade les anota una vez tras otra debajo del aro.

Si me ven por la calle no se preocupen si no les saludo. Hablé y Wade me calló la boca.



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

1 comentarios:

Javier Palao dijo...

Grande JJ!!

Solo 3 anotaciones:

1- Ojalá Wade vuelva a ser el jugador que fue en carácter ganador y calidad por su cabeza.

2- Lástima sus excesos en las celebraciones, algo más proveniente de las nuevas generaciones y de su "amigo" LeBron que de su cuna.

3- Quizás deberías ser menos extremista, y buscar la escala de grises en las afirmaciones, o tendrás que enmendarte numerosas veces. Mejor dupla que Pippen y Jordan, etc... En fin. Futuros Hall of Fame y punto. Para ser mejor dupla que los anteriores necesitan 6 anillos... No crees que te metes en otro lío diciendo eso???

Abrazos!!

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