The Sweetheart of Tobacco Road






Desde tiempos remotos el hombre, animal presuntuoso y pertinaz, ha querido volar. Este deseo milenario que alimentó mitos y leyendas en la Antigüedad (la más famosa quizá la de Dédalo e Ícaro) dejó de ser algo utópico toda vez que la técnica y la ciencia aportaron las claves básicas para luchar contra esa fuerza, la gravedad, que nos atrae hacia el núcleo del planeta.

Muchas son las dudas acerca de los pioneros. Globos aeroestáticos, aeroplanos o aviones alimentados por motores a vapor consiguieron alzar el vuelo. Todos estos modelos se caracterizaban por ser menos pesados que el aire y por depender, de esta manera, de las corrientes ascendentes y en altura de las que también se aprovechan aves como las águilas o los buitres. Sin embargo, los Hermanos Wright inventaron un avión más pesado que el aire que era impulsado por la potencia de un motor de combustión y que ya en 1910 pudo alcanzar los 97 kilómetros a la hora.

La aeronáutica rompió numerosas barreras físicas. Ahora, volar en el interior de una aeronave, es algo rutinario y accesible. La aviación civil se ha convertido en el medio de transporte más seguro y, gracias a ella, el mundo se ha hecho más pequeño. Sin embargo, mientras la ciencia se empeña en acercarnos a las estrellas, la naturaleza no deja de imponernos barreras. Sólo un hombre, Mike Powell, pudo saltar 8,95 metros en horizontal. Sólo Javier Sotomayor, fui testigo directo de ello, situó todo su cuerpo por encima de un listón a 2,45 metros de altura.

Cuarenta y ocho pulgadas de salto vertical. Más de ciento veinte centímetros. Ésa es la marca de otro superhombre, del joven, hoy cerca de la edad anciana, que, en la época en que George Lucas nos dejaba atónitos con la primera película de la saga Star Wars, fue apodado como David Skywalker Thompson.

David Thompson nació en el seno de una familia pobre de Carolina del Norte siendo el más pequeño de once hermanos. Así, en un Estado con gran tradición baloncestística este chico humilde terminaría siendo toda una leyenda, “The Sweetheart of Tobacco Road”. ¿Cómo? Es fácil. Siendo el mejor jugador universitario de su época. Una época en la que, curiosamente, estaban prohibidos los mates en virtud de una regla que se había impuesto para limitar el dominio tiránico que ejercía Lew Alcindor (Kareem Abdul Jabbar) bajo los tableros. Por ello, con la ayuda de su compañero Monte Towe, popularizó los hoy tan comunes alley-hoops. El base colgaba el balón en el cielo para que David lo cogiera en el aire y lo introdujera en la canasta sin apoyarse en el aro. Pero no era ése su único recurso. Thompson podía lanzar, penetrar sobre su mano derecha, postear a jugadores más grandes,...

Después de liderar a su equipo hacia una temporada perfecta con 27 victorias en 1973, David Thompson hubo de esperar un año para superar su gran reválida, conseguir el mayor galardón del baloncesto universitario, ganar el Torneo Final. Sin embargo, en una época en la que sólo los campeones de conferencia accedían a la “locura de marzo”, los Wolfpacks hubieron de vencer a los terrapins de Maryland en la final de la Atlantic Coast Conference (ACC) tras una prórroga en un partido que muchos analistas definen como el mejor de la historia del baloncesto colegial. 


Superado este escollo, los chicos de North Carolina State lograron superar las fases iniciales para plantarse en una Final Four que se disputaría en el propio estado, en la ciudad de Greensboro. El escolta de 1,93 llegaba a la gran cita tras haber sido elegido como All American. En el horizonte, en su horizonte, la UCLA entrenada por John Wooden que venía de vencer en las siete ediciones anteriores. Ambos conjuntos se enfrentaron en la semifinal. Ni siquiera los 29 puntos y 18 rebotes de Bill Walton pudieron evitar que éste fuera su último partido como universitario. Seis abajo a falta de 2:55 para el final, David Thompson tomó las riendas. Inspirado por el público local, a falta de 55 segundos Skywalker anotaría una bandeja por encima del propio Walton que Sports Illustrated inmortalizaría en su portada. Dos tiros libres del ídolo local certificaban el triunfo. El Imperio de Wooden había sido derrocado. UCLA caía siete años después. Thompson se preparaba para jugar una final que no tuvo historia. Los Wolfpacks fueron muy superiores a los chicos de Marquette que carecían de la estatura suficiente como para frenar a Tom Burleson, un 2,24 que complementó a la perfección a David Thompson durante los dos años en los que el equipo firmó un récord de 57-1, a la altura de los más grandes conjuntos universitarios de la historia. 



No es de extrañar que Thompson fuera elegido como número 1 del draft de los dos campeonatos profesionales del país para finalmente aterrizar en Colorado, en la falda de las montañas rocosas. Con él los Nuggets se convirtieron en el mejor equipo de la ABA. Consiguieron el mejor balance en temporada regular y, durante el All Star, consiguieron imponerse a un combinado de los mejores jugadores del resto de plantillas. Sin embargo, el equipo liderado por el rookie y en el que también destacaban Dan Issel y Bobby Jones, caería derrotado en la final ante los Nets de Julius Erving. No era la primera vez que Thompson perdía en un enfrentamiento directo con el Doctor J. También lo hizo en el famoso concurso de mates en el que el neoyorquino hizo por primera vez un mate desde la línea de tiros libres. 


 
Tras la fusión entre ambos campeonatos, David Thompson permaneció fiel a los Nuggets hasta 1982. Se puede decir que hasta 1978 la historia del chico de Carolina del Norte fue la de una continua subida hacia ese cielo que habitualmente podía tocar con las manos. Precisamente en el último partido de esa temporada, en el afán de ser el máximo anotador del campeonato, Thompson se fue hasta los 73 puntos frente a los Pistons, tercera mejor marca en un partido tras los 100 de Chamberlain y los 81 de Kobe. Sin embargo, horas más tarde, George Gervin anotaría 63 para mantenerse en la primera posición de la clasificación de anotadores. Precisamenteen aquel 1978 los Nuggets echaron por tierra su última gran opción hasta la fecha para ganar el campeonato al perder contra los Seattle Supersonics en la final de conferencia.




Sus habilidades se vieron recompensadas con la firma de un contrato multianual que le convirtió en el deportista mejor pagado de la liga. Este incentivo económico le impuso una presión añadida a su juego, que ya nunca volvería a ser el mismo. Sin embargo, su millonario contrato es tan sólo la punta de un iceberg que estuvo a punto de destruirle para siempre. Frustrado por toda una sucesión de lesiones y, seguramente, mal asesorado, David Thompson, como tantos otros, fue absorbido por el agujero negro de las drogas. Así, en la temporada 1982-1983, tras ser relegado al banquillo por su entrenador, decidió internar en un centro de desintoxicación. Su regreso, ya no en Denver, sino en Seattle, fue efímero. Así, el 11 de marzo de 1984, en las escaleras de la mítica discoteca neoyorquina Studio 54, Thompson se destrozó el ligamento y el cartílago de su rodilla derecha. Un último intento, menos de diez partidos, dejó bien a las claras que a Skywalker el cielo ya le quedaba muy lejos. Tanto como al resto de mortales.

Su número 33 luce en lo alto del Pepsi Center. Ningún nugget podrá vestir jamás su camiseta. Hoy, David Thompson emplea su tiempo en dirigirse a los jóvenes exponiendo su ejemplo y su renovada fe en Jesucristo. Con ello pretende evitar que nuevas víctimas caigan en el tentador mundo de las drogas. Limpia así su conciencia para dormir cada noche sin tener que repetirse aquellas palabras que proclamó el día de su retirada: “He echado a perder una gran oportunidad para haber sido el más grande”.

Pero sí que lo fue. Al menos para un Michael Jordan que decidió que Thompson fuera su padrino en la ceremonia de entrada en el Hall of Fame de Springfield. Skywalker lo contaba de esta manera: “Recibí una llamada del Hall of Fame y me dijeron que iba a ser el padrino de uno de los nuevos miembros. Como no acerté a decir nada ellos prosiguieron y me explicaron que se trataba de Michael Jordan. Entonces sólo pude exclamar ¡wow!” Así, los dos embajadores más destacados de las dos universidades del estado de Carolina del Norte firmaron para siempre la paz entre dos programas que siempre habían estado enfrentados. Años antes podrían haberlo hecho junto a las estrellas. Entonces, en 2009, bien entrados en años, lo hicieron con los pies en el suelo, pero con un discurso, el de Michael, que estuvo a la altura de los vuelos de estos dos genios a los que siempre, aunque lleguen a ser entrañables ancianos pegados a un bastón, recordaremos surcando el cielo.


UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

3 comentarios:

Anónimo dijo...

y el partido de mañana?? no comentas nada?
tan dificil es?son malos? comenta algo juanjo por fa

Juan José Nieto dijo...

Bueno, si te refieres al segundo partido de la final de la Liga Senior creo que esperaré a que haya un resultado definitivo para hacer un balance de lo que ha dado de sí el tercer año de competición. Los claros favoritos son los chicos de Smooth, pero intentaremos hacernos fuertes en casa. Un saludo.

Javier Palao dijo...

Vaya equipo tengo... LOS CLAROS FAVORITOS SMOOTH.... Con esa mentalidad así nos va!!

Por mi parte creo que si alguno de mi equipo lleva mi misma mentalidad, jugaremos un buen partido entre dos equipos muy igualados en el que ganará el que más concentrado esté.

Javi

Publicar un comentario