Baloncesto en tiempos de crisis (I)






LA GRAN DEPRESIÓN


La historia es caprichosa y se repite. Es un hecho. Un hecho sustentado en la ignorancia y la pérdida de perspectiva. En el afán de no mirar nunca hacia atrás. Como si los fantasmas del pasado dejaran de perseguirnos por el simple hecho de no contemplarlos. Así, más allá de mi mayor o menor predilección por sus presupuestos filosóficos, no puedo dejar de recordar la siguiente frase de Karl Marx: “Los hechos de la historia universal se repiten, al menos, dos veces: una vez como tragedia y otra vez como farsa”.

Asumiendo que el período actual de crisis económica en el mundo occidental (no nos creamos el ombligo del mundo y pensemos que se trata de una crisis global cuando no lo es) es una farsa interpretada por banqueros y políticos para entretener al populacho mientras nos despluman, os invito a retroceder ochenta años en el tiempo para situarnos en la tragedia, en la Gran Depresión que, curiosamente, y como ocurre ahora, coincidió con un tiempo de recuperación económica de la Gran Alemania. ¿Será que, como sucede con el fútbol, la crisis es un invento anglosajón del que siempre salen ganando los alemanes?

Desde que sucediera el crash de la Bolsa de Nueva York, en aquel jueves negro de 1929 en el que el mercado de valores se hundió provocando un pánico descontrolado entre financieros e inversores, el dinero dejó de circular y el empleo pasó a ser una excepción. Los planes de futuro se convirtieron, de pronto, en un primitivo instinto de supervivencia que obligó a numerosos jóvenes a trabajar sin contrato por un puñado de dólares. En aquellos tiempos, no es de extrañar, el baloncesto se convirtió no sólo en un elemento de distracción, sino también en la luz al final del tunel para las familias con hijos con aptitudes atléticas. En aquel entonces un equipo dominaba la liga Americana de Baloncesto que no era más que una liga metropolitana en torno al corredor Boston-Nueva York. Ese conjunto era el SPHA, la Asociación Hebrea del Sur de Philadelphia, que se había aprovechado de la renuncia a participar de “The Original Brooklyn Celtics” (muy superiores al resto de rivales decidieron abandonar la competición para hacer giras por el resto del país y también en el extranjero), el germen de la actual franquicia del trébol. Las victorias del SPHA tocaron a su fin en 1933 cuando entre la opinión pública empezó a circular el rumor de que los principales causantes de la crisis económica habían sido banqueros judíos. El antisemitismo cundió entre las clases populares y algunos jugadores de aquel equipo aún recuerdan cómo los árbitros les impidieron ganar más de un partido. Y no fueron sólo abucheos y malos arbitrajes. También amenazas explícitas por parte de miembros del Partido Nazi Americano. Sin embargo, alimentados por la xenofobia y las coacciones los chicos judíos del sur de Philadelphia volverían a ganar el campeonato en 1936. 

Pero si un equipo brillaba en aquellos tristes años 30, ése era el conocido como The Harlem Globetrotters. No se equivoquen. No se trata de un equipo nacido en el conocido barrio de Nueva York, sino de una asociación conformada, originariamente, en 1926, por los mejores jugadores de los suburbios del sur de Chicago (como curiosidad, los Globetrotters no jugarían en Harlem hasta 1968). Hasta 1929 el equipo se paseó, literalmente, por las canchas de todo el este del país venciendo y humillando a sus rivales. A partir de 1930, ante las dificultades para encontrar oponentes, empezaron a incluir un espectáculo teatral para atraer a un público cada vez más reticente a pagar por algo que no fuera pan o leche. Aquel equipo se convirtió en una de las puntas de lanza de la cultura afroamericana teniendo que afrontar arbitrajes caseros, aficiones malencaradas y un juego deliberadamente duro por parte de los equipos a los que se enfrentaban. 




Por su parte, el baloncesto profesional se reanudaría en 1934 tras dos años de parada a consecuencia de la crisis. La mayor parte de los jugadores no sobrepasaban el metro ochenta de estatura y los resultados eran más propios de partidos de balonmano. En la temporada 1937-1938 surgiría una nueva competición profesional, la NBL, con conjuntos mayoritariamente rurales. Aunque los patrocinios fueron, en ambos casos, modestos, su target fue bien diferente. Así, si la ABL estaba dirigida hacia la gente rica de las grandes ciudades del nordeste del país, la NBL atrajo, desde un principio, a granjeros y profesionales de cuello azul dando lugar a ambientes mucho más caldeados en el interior de los recintos. Los Goodyear Wingfoots ganaron la primera edición de la NBL, mientras que en la ABL se impusieron los Red Devils de Trenton. Nuevas reglas intentaron generar un baloncesto más dinámico, pero habría que esperar hasta la introducción del reloj de posesión, a finales de los años 50, (si no hasta la llegada de Bird y Magic) para que el baloncesto profesional se convirtiera en el espectáculo de masas que es hoy en día.

Sin embargo, la verdadera atención de un público que iba recuperando el poder adquisitivo gracias a las políticas del New Deal, estaba centrada en otro tipo de baloncesto, el que se disputaba en institutos y universidades. Sin dinero por medio. Sólo por el orgullo y el honor que supone representar a tu escuela. Así, en 1938, con el objetivo de consolidar un producto emergente, la competición universitaria se rebautiza como National Collegiate Athletic Association, NCAA, y se decide que durante el mes de marzo se celebre un torneo para dilucidar quién es el mejor equipo del país. Hete aquí el germen del famoso March Madness. Hete aquí un buen ejemplo de cómo superar períodos difíciles a través de una buena idea. Simple, ¿verdad? 

Productos que se quedan obsoletos. Reacciones xenófobas. Bolsillos vacíos y cambio en las prioridades. Oportunidades que surgen y que hay que saber aprovechar. Así son las crisis. Las trágicas y las cómicas. Las de llorar y las de reír por no llorar. Así fue la de los años 30, la que retrataron en el cine grandes directores como Frank Capra en Qué Bello es Vivir o, más recientemente, Ron Howard en Cinderella Man. Aquélla de la que el baloncesto salió reforzado como circo, pero también como pan. Como esparcimiento, pero también como forma de vida. 



UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

2 comentarios:

David dijo...

enhorabuena por el post! espectacular! espero que el golf tome nota de esto, tal y como comentabas por twitter.

saludos!

Miguel barbosa gonzalez dijo...

Hola.

Soy un alumno de 1º de bachillerato y busco blogs interesantes para que me puedan enlazar y yo a ellos para poder aprobar.

Yo tambien soy un gran amante del basket. Aqui te dejo el enlace de mi blog para que le puedas echar un vistazo y me respondas.

http://miguibarbosa5.blogspot.com.es/

Ante todo muchas gracias.

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