El espíritu de Siena contra el rodillo culé



Ya llegará la Semana Santa y, con ella, la hora de flagelarme por mis, presumiblemente, fallidos vaticinios sobre la NBA. Dejadme disfrutar, al menos por esta noche, con mi acierto a la hora de pronosticar la final de esta Copa del Rey que tan buenas sensaciones está dejando entre los aficionados.

Admito que mi apuesta no reportaría grandes réditos en las casas británicas. Sin embargo, sé que muchos entrenadores ACB habían depositado su confianza en que el Power Electronics pudiera dar la sorpresa ante el Madrid esta misma tarde. Y no les faltó mucho para estar en lo cierto.

Más bien les sobró. Les sobró el último tercio de partido cuando una defensa asfixiante del Madrid al límite del reglamento condujo a los "valencianos" (las comillas porque de valencianos tienen poco) a tomar malas decisiones y a perder el tempo de un partido que tuvieron controlado durante veinticinco minutos.

No hizo falta echar mano de la pizarra. De nuevo la jugada más básica del baloncesto moderno fue suficiente para desmantelar una defensa asfixiante de las líneas de pase. Si no nos dejan mover la bola, pues no la movamos debió de pensar Messina. Sergio Rodríguez amasó el balón, Fischer acudía para poner un bloqueo directo en lo alto de la bombilla y a partir de ahí empezaban a producir ya fuera doblando al propio Fischer o encontrando ventajas en el perímetro sobre la defensa de ayudas del Power Electronics. Igual que en Vitoria. Igual que en Siena. Con Mirotic, Suárez, Tucker y el ex del Maccabi en el campo. Demasiadas casualidades.

Por su parte, el Regal Barcelona tampoco engañó a nadie al exponer su vasto repertorio ante un Caja Laboral que, en este caso, sólo aguantó veinte minutos y a base, principalmente, de las penetraciones de un David Logan al que no se le había olvidado jugar al baloncesto. Pero los catalanes supieron encontrar un perfecto equilibrio entre el juego interior y el exterior personificado en la figura de Navarro para solventar el choque.

Anderson fue pieza clave en el despegue del tercer cuarto y Víctor Sada dejó patente que el arte del rebote es, en gran medida, deseo. Ricky estuvo bien y Perovic, N´Dong, Lorbek, Vázquez y Morris demostraron que el "front court" más poderoso y profundo de Europa juega de azul y grana.

Mañana por la noche quisiera estar feliz por haberme equivocado al pronosticar una victoria culé. Sin embargo, me daré por satisfecho si el equipo de Messina sigue creciendo, en la buena línea, fortaleciendo su identidad y sin renunciar a los valores de una casa que en su día apeló al espíritu de Juanito y que, hoy, se acuesta con la mente en Siena soñando con otro partido histórico que rellene las grietas que han dejado a su paso 17 años de sequía copera. 

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

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