Noches de estrellas





En estos días de aproximación al fin de ciclo anunciado por los mayas y a la espera de que algún loco, otro más, actúe amparado por la predicción apocalíptica agarrando un arma o poniendo una bomba (en realidad no les hace falta ninguna clase de motivación) el baloncesto luce su mejor sonrisa. Lo hace gracias a la rebelión de los modestos, a las múltiples propuestas de juego atractivo que vencen y convencen a uno y otro lado del Atlántico y, también, por qué no decirlo, gracias a que sus figuras más emblemáticas se encuentran en un estado tal de inspiración que si les dieran un pincel y les situaran en el Barrio de los Pintores producirían las más bellas obras de arte.

Sirva el ejemplo de Carmelo Anthony, el nuevo ídolo del Madison, de una afición que, viendo al portorriqueño anotar de todas las maneras posibles, añora menos, aunque añora porque ésa es una de sus señas de identidad, a los jugadores que llevaron la camiseta de los Knicks en los victoriosos 70, en los más románticos 80, o en los pragmáticos 90. Así, aunque mucho más ortodoxo y con un rango de tiro mucho más amplio, hay algo en Melo que recuerda a Bernard King. Sobre todo su juego cerca del aro, su capacidad para postear a los aleros menos corpulentos que él. Ahora el número 7 de los actuales Knicks tiene la oportunidad de que la historia, y no la nostalgia, le coloque por encima de todos los fantasmas que merodean sobre la cabeza de los aficionados de Manhattan evocando un tiempo que no fue necesariamente mejor, pero que por ser pasado y por representar otra época, lo puede llegar a parecer. 



Y si los Knicks se están fabricando una gran oportunidad para hacer historia en la próxima primavera, los Heat están circulando bajo el radar tratando de deshacerse de un cartel de favoritos que no ayuda en absoluto a sus oportunidades de revalidar el título. Sin embargo, Lebron James sigue pareciendo cada día mejor jugador. En total control de la situación, de los tiempos y del espacio, al jugador de Akron cada vez le importan menos las estadísticas y más, en cambio, que sus acciones dentro y fuera de la cancha construyan un legado imperecedero a la altura del de los más grandes. Creo que a estas alturas, y a la espera de que engrose su palmarés con más títulos individuales y de equipo, poner a Lebron a la altura de los nombres que a todos se nos vienen a la cabeza no es blasfemar y sí, en cambio, hacer justicia a un jugador que, aun habiendo sido llamado para marcar una época, no lo hubiera podido hacer sin la evolución que ha experimentado a base de duro trabajo.

Si todo va bien, o mal, y no se acaba el mundo, el día 25 Lebron se verá las caras con Kevin Durant. Al 35 de los Thunder le sentó muy mal el saberse inferior a la estrella de los Heat durante las pasadas finales de la liga. Ahora, sin la compañía de Harden, pero con la ayuda de un mucho más silencioso, y eficiente, Kevin Martin, Durant sólo tiene que luchar contra los ataques de ego de un Russell Westbrook que debería admitir, de una vez, que su número de lanzamientos debería ser directamente proporcional a la calidad de ambos.

Con peores porcentajes que los anteriores, el máximo anotador de la liga vive en Los Ángeles y atraviesa por uno de los peores momentos de su carrera. Ello demuestra los infinitos recursos para la anotación que posee un Kobe Bryant desquiciado por la ausencia de dirección de una nave, la angelina, que no sabe bien donde se dirige. Pero poco tiene que ver el récord de los Lakers con las actuaciones, más que buenas, de su estrella. Lesiones, actitudes indolentes y, sobre todo, la poca capacidad de convicción de los técnicos llamados a suceder a Phil Jackson, dan lugar al cocktail perfecto para envenenar a una suegra, pero no, en caso alguno, para realizar el esfuerzo colectivo que se precisa para triunfar en el baloncesto.

Curiosamente, en el extremo opuesto del país, aunque por motivos muy diferentes, las cosas no marchan mucho mejor. Lo decía Doc Rivers: “Ahora mismo somos un equipo de cincuenta por ciento”. Lo decía por los números, pero sobre todo por las sensaciones. Perdida la identidad defensiva que le condujo a un anillo y a disputar hermosas batallas en las cumbres de la liga, a los Celtics les queda el orgullo, la inspiración de Rondo y la fiabilidad de unos veteranos que siguen escribiendo letras de oro a base de sudar y sufrir en los veranos de California. Si Garnett sigue siendo la sombra más temida de los jugadores interiores, a Pierce le basta, y le sobra, con su talento para seguir batiendo récords en la franquicia donde éstos tienen más peso. Con los 40 puntos de esta pasada noche se convirtió en el Celtic más veterano (35 años) en superar dicha cifra sin necesidad de prórrogas. Lo hizo con 16 tiros, con un espectacular 6 de 6 en triples y sin forzar una sola situación. 



La NBA se alimenta de sus estrellas y éstas han acudido a la llamada. Los entrenadores intentarán ahora dibujar esquemas defensivos que limiten su impacto, pero harán falta muchos traps para difuminar la luz que emana de los héroes que iluminan nuestras noches más oscuras de baloncesto de alta, muy alta, calidad. Súmenle a los nombres ya escritos los de Curry, Randolph, Parker, Paul, Griffin, Deron Williams, Ricky Rubio y tantos otros que me dejo y prepárense para disfrutar de unas navidades repletas de momentos para la esperanza. Eso, claro, si los mayas, o los perturbados, nos dejan.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Buena entrada Juanjo.

Ya hablamos una vez tú y yo de que estos jugadores veteranos que se mantienen en primera línea (desde hace 15, 16, 17 años…) no nos dejan envejecer. Somos seguidores de los mismos desde hace un montón de años.

Lebron y Durant marcarán un época (ya han empezado) en la NBA, o eso creo yo. A nivel individual y colectivo. Lo dos merecen estar entre los más grandes en mi opinión.

Como siempre dejas la puyita a Kobe cuando hablas de porcentajes. Pues son ligeramente mejores que los de Carmelo, por ejemplo.

Se te han olvidado (o no has tenido espacio) dos de los más ilustres veteranos que están haciendo buena temporada: Duncan y Ray Allen.

Gran mezcla hay en la NBA de equipos veteranos y jugadores veteranos, que se resisten a dar el relevo a grandes equipos jóvenes. Una buena pelea se traen.

Abrazos

Dani Legend

JJ Nieto dijo...

Dani, cuando hablaba de porcentajes me refería a Lebron y a Durant. Y sí, gracias a los Bryant, Pierce, Duncan, Garnett o Allen los años pesan menos.

Javier Palao dijo...

Yo sin duda sí mencionaré lo mucho que FUERZA Kobe en cada jugada, y por eso está entre los 3 que más balones pierden de la liga. Kobe como Westbrook es capaz de hacer perder a su equipo por buenos que sean los 2.

Por otro lado SÍ, es maravilloso ver que jugadores de más de 30 y más de 35 siguen haciéndonos disfrutar del mejor basket. De acuerdo con todo.

Por otro lado pese a lo mucho que me gusta Pierce, en contraste no me está gustando nada Boston. Como no tienen plantilla para competir, están suplantando a los Bad Boys (con menos calidad, por supuesto, sobre todo en el banco), convirtiendo cada partido en una pelea de barrio.

Mala imagen para la ciudad del trébol. Sigo pensando que sin un 6º hombre en condiciones y, sobre todo, un buen Pívot, Boston no pasa de 1ª Ronda este año (si llega al PO).

Abrazos!!

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