La sombra del candado




Prefiere mantenerse en el anonimato. De no hacerlo podría ser multado por una liga, la NBA, que está cerrada sine die. Este joven afroamericano lleva cuatro años trabajando como acomodador del Rose Garden de Portland para obtener un dinero que le permita costear sus estudios. Sentado en la segunda fila del primer anfiteatro observa el pabellón vacío y se pregunta cuánto tiempo habrá que esperar hasta que en las butacas vuelvan a sentarse los calientes aficionados de los Blazers.

Jean Harvey es una camarera de The Fours, un restaurante muy cercano al TD Garden de Boston. “Durante los días de partido (de los Celtics. Los Bruins de NHL no arrastran tanto público pese a ser los vigentes campeones) podemos llegar a albergar a 400 clientes fácilmente” afirma Ryan Reardon, su propietario. La cuantía de las propinas se ha reducido en un setenta y cinco por ciento y ahora Jean combina su trabajo en el restaurante con la limpieza de unos grandes almacenes para poder pagar sus deudas a fin de mes. Todo ello mientras propietarios y jugadores se niegan a alcanzar un acuerdo por lo que para ellos no es más que un puñado de dólares (4.300 millones de dólares es la diferencia que dificulta el acuerdo en cuanto al reparto de los BRI o beneficios relacionados con el baloncesto).

Mickey Arison, dueño de los Heat, siempre ha presumido de tratar con extrema cortesía a sus trabajadores. Como recompensa tras las arduas negociaciones para hacerse con Lebron James y Chris Bosh, Mickey decidió asegurar el puesto de trabajo de todos los encargados de oficina del equipo de Miami en previsión del, por entonces, posible Lockout. Sin embargo, la letra pequeña de ese acuerdo matizaba la filantropía del empresario pues se introducían recortes de entre un 10 y un 25 por ciento (en función del cargo) en el salario de los empleados, hecho éste que ha obligado a varios de ellos a trabajar de forma parcial en otros trabajos. Cabe esperar que Arison reembolse la diferencia toda vez que el lockout llegue a su fin (un año de éstos), pero hasta que llegue ese momento muchos de los empleados de la franquicia de moda de la liga habrán de ajustarse el cinturón “a la griega”.

Nuestro siguiente protagonista tampoco quiere hacer pública su identidad. De su puesto de trabajo depende su familia, dependen sus dos hijos. Nos lo encontramos en el metro camino de Penn Plaza desde cuya boca suele llegar caminando al escenario más famoso de este pequeño planeta, el Madison Square Garden. Es 2 de noviembre y esta noche estaba previsto un Knicks-Heat que debía abarrotar el graderío y mover miles y miles de dólares, casi tantos como pasiones. El Madison seguirá funcionando, qué duda cabe. En vez de dar cobijo a Kevin Durant o a Kobe Bryant servirá de templo para los fans de Jay Z o de Rihanna. Así, los fijos del Madison seguirán teniendo trabajo, pero no nuestro protagonista, contratado sólo para los partidos de los Knicks, unos encuentros pospuestos indefinidamente hasta que las dos partes, jugadores y propietarios, diriman la controversia con el beneplácito de los rectores de una liga que se cree por encima del bien y del mal, pero que sobrevive gracias, también, a estos humildes trabajadores cuyo futuro, y el de sus familias, depende de algo tan maravilloso y, a priori, sencillo como es el baloncesto.

Nos cruzamos con Juan Galan, representante de todos los encargados del servicio de comidas en el Madison. La cifra sorprende. Hay más de 700 empleados destinados a esta función en el recinto y muchos de ellos ven cómo peligra la posibilidad de trabajar durante las 900 horas mínimas estipuladas para poder optar a un seguro médico. Por no hablar de la reducción de las propinas con las que pagan sus hipotecas o las escuelas de sus hijos en un sistema que nada tiene que ver con el español o europeo.

Y también quiero acordarme del espectador filipino, birmano, etíope o español, que sumido en una profunda depresión hace zapping en su televisión sin encontrar ese prozac que solía ser el ver un partido de NBA en medio de la madrugada.


Miles de millones de dólares que imposibilitan un acuerdo. Miles de millones de dólares que impiden a otros reunir unos pocos cientos con los que pagar las cuestiones más básicas. Miles de millones de dólares que hacen que unos cuantos cientos de miles de personas perdamos la fe en quienes un día fueron nuestros ídolos, a quienes un día creímos moradores del Olimpo y a quienes hoy vemos como ruines egoístas en la defensa de un único color, el verde del dinero y la avaricia, el verde de las uvas de la ira que nos produce esta situación a los aficionados de ese deporte que sigue estando por encima de quienes lo practican y decían defenderlo. Sí, amigos, se llama baloncesto. 




UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

4 comentarios:

Explorador dijo...

No me da tiempo a comentar la entrada con el tiempo que merecería, luego lo haré. Sólo te recomiendo que leas a Dennis Lhane, te tiene que gustar. Para empezar, sus novelas siempre se ambientan en Boston. Tienes Mystic River, Shutter island, Desapareció una noche (todas llevadas al cine) y esta entrada me recuerda a un libro que creo que me llevaré a Irlanda, "Cualquier otro día", ambientada en una huelga de los jugadores de beisbol en 1918. Y muchas cosas más.

http://revista.abretelibro.com/2011/07/libro-abierto-cualquier-otro-dia-o-la.html

Bueno, es una recomendación como otra cualquiera, no cobro comisiones. Y mejor cógela en una biblioteca, que los precios de libros en España son disparatados :( Prometo leer más detenidamente la entrada y comentarla luego. Y sí, las uvas de la ira también las estamos vendimiando, viendo este espectáculo que parece pactado, prácticamente.

Un abrazo :)

JordanyPippen dijo...

Y los que han montado este follón, solo se preocupan x sus miles de dolares, cuando casi todos ellos tienen la vida resuelta.
Gran entrada Juanjo, no había caido en la cuenta de todas las personas que dependen de ese dichoso lock-out para seguir viviendo dignamente.

Mo Sweat dijo...

Estos son los daños colaterales y como ocurre en todas las guerras, no les interesan a los grandes dirigentes, que solo buscan sus propios fines... Es lo realmente triste de todo esto, a pesar de que no sea portada ni apenas noticia en ningún sitio.

Gran post.

Saludos.

Juan José Nieto dijo...

Gracias a los tres. Tomo las recomendaciones e incido en todo lo que decís en lo referente a la otra cara del Lockout, la que nadie ve y en la que nadie repara. Me veía en la obligación de escribir sobre ella.

Gracias y nos leemos.

Publicar un comentario