Perdónate a ti mismo



Las luces ya están apagadas y el silencio se ha apoderado del viejo pabellón. Ya no se escucha el eco de las zapatillas rozando contra el parqué. Tampoco esos aplausos obstinados de los padres que asisten orgullosos al partido de sus pequeños. Es el momento de reflexionar, de pasar por el filtro de la serenidad todo lo ocurrido durante los cuarenta minutos que duró el encuentro.

Hablo como entrenador. Como entrenador novato, como el eterno aprendiz que siempre seré. Como el siempre insatisfecho ser que siempre quiere más que puede y que deseando estar donde le necesitan casi siempre está donde molesta.

Acaba de finalizar mi primer partido como entrenador en categoría autonómica. Hemos perdido por un resultado abultado, del cual, como si se tratase del nombre de un lugar de la Mancha, no quiero acordarme (y que ya he olvidado). No porque me genere frustración, sino porque son sólo dos números uno delante del otro que simbolizan, eso es cierto, los diferentes niveles de ambos equipos en este momento. Ahora. Que no después. No, si seguimos por la línea del esfuerzo y de la dedicación, del pensar en el "nosotros" y no en el "yo". Sin olvidar que somos personas antes que jugadores, que somos humanos y no máquinas.

Es ésta una llamada al sentido común. A aquel que tanto se echa de menos cuando escuchamos cómo se enriquecen algunos desalmados en tiempos de crisis. Es un alegato por recuperar en las pistas de baloncesto la sonrisa en la cara de los niños. Hoy, me he dado cuenta de lo patológico de la ansiedad con la que compiten alguno de mis chavales. Ellos, que con sus doce o trece años deberían disfrutar de cada momento del presente sin tener que fijar sus miras en el retador horizonte. Sí, he visto en sus caras el temor al reproche, un sentimiento de pavor por si se producía el error. Me buscaban con la mirada y sé que algunos no buscaban en mí un gesto de ánimo, sino que esperaban agachados bajo el paraguas, un grito de enfado.

Reconocía Usain Bolt después del nulo que le privó de proclamarse campeón del mundo de los cien metros lisos que, por primera vez en su vida, le había podido la ansiedad. Bolt, quizá el menos humano de cuantos poblamos este planeta, el ser que siempre afronta con una sonrisa la competición, pagó con una salida nula la presión que sintió en ese momento. Eso sí, luego se rearmó, olvidó y siguió adelante para proclamarse campeón del mundo de los 200 metros con una de las mejores marcas de la historia de la distancia.

Se me partió el corazón cuando vi a varios de mis jugadores flagelándose por sus errores. Me sentí impotente por no encontrar en mi vocabulario o en mi repertorio, esa palabra o frase que les infundiera la confianza que estaban echando en falta. Ahora, a riesgo de parecerme a ese médico que prohíbe el tabaco mientras esconde con la puntera del pie el cenicero debajo de la mesa, quiero proclamar el mensaje que ilustra el título de esta entrada. En la vida, en el amor y en el juego, perdónate a ti mismo. Hazlo porque debajo de los latigazos sólo quedan marcas que tardarán años en cicatrizar. Convivamos con nuestros errores. Sabiéndonos imperfectos trabajemos por ser mejores cada día sin reproches y sin miradas atrás.

Y sobre todo, divirtámonos jugando al baloncesto, esa actividad que fue concebida para que los alumnos de Nueva Inglaterra pudieran hacer deporte durante los duros inviernos del nordeste de Estados Unidos. James Naismith, su inventor, no creó este juego para ver a chicos jóvenes sufrir y lamentarse por su actuación. Lo hizo para generar un sentimiento y una pasión por un balón y dos canastas que en ningún caso pasa por el llanto y la tristeza. Ya sabéis, perdonémonos a nosotros mismos y divirtámonos jugando al baloncesto, el juego más grande jamás inventado.

UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

7 comentarios:

Patri limón dijo...

Juanjo, no sabía que tenías un blog:)

Explorador dijo...

Excelente, de veras. La culpa y la redención, el perdón y la catarsis, en fin, que se puede decir que no se lleve diciendo desde hace siglos. Pues eso, que un poeta griego clásico aconsejaba "Llega a ser el que eres" y un santo sabio, "en ti habita la verdad". Vaya, sólo me salen citas.

La convivencia con uno mismo, el aceptarse y gustarse, a veces es muy difícil. Hay que quitarse de encima todo lo que se espera de nosotros, las armaduras que nos construyen. Y aprender, golpe a golpe, a construir un mundo propio. Y para eso en la vida, en el amor y en el juego, perdónate a ti mismo. Porque es una forma de conocerse. Y porque todos tenemos amplia memoria de nuestros fracasos e imperfecciones. De lo que se trata es de superarnos, aún así.

Buenísimo, repito. Saludos :)

JordanyPippen dijo...

Juanjo amigo, a esas edades el resultado poco importa. Yo una vez fui entrenador del equipo del colegio del que fui alumno y siempre le decia a mis chavales al salir a jugar:
"El resultado poco importa, no miramos el marcador, solo importa cada segundo que disfrutemos en la cancha"... "Nuestra victoria es disfrutar con el deporte más maravilloso que existe: el baloncesto"
Un saludo y animo, hazles entender que lo importante es disfrutar, si lo hacen lo demás viene solo

ethan dijo...

Me gusta el final (bueno todo el post): divirtámonos jugando...
Saludos!

Charlie dijo...

Duras son las ligas escolares, y dificil se hace inculcar a los chavales que no solamente el resultado importa, viviendo como estamos en una sociedad tan competitiva.

Dentro de algunos años recordaran con cariño ese tiempo tan feliz, los amigos que hicieron y...la figura del entrenador.

Un saludo!!!

Juan José Nieto dijo...

@Patri. Ahora ya lo sabes y espero verte a menudo comentando y dejando tus impresiones acerca de un deporte que sé que te gusta mucho.

@Explorador. No está mal que te vengan citas a la cabeza. Ellos, los clásicos, descubrieron antes que nosotros todos estos sentimientos y todas estas formas de pensar. Y sí, el perdón es una forma de conocernos a nosotros mismos respetando la existencia de toda una serie de debilidades que procuraremos corregir no siempre con éxito.

@JordanyPippen. Pues sí, divertirse es una gran victoria. Pero divertirse no es tomarse las cosas a la ligera, sino el resultado del duro entrenamiento, del juego en equipo, del esfuerzo en defensa... Eso es para mí divertirse jugando al baloncesto.

@Gracias Ethan. Y sí, divirtámonos jugando. Eso sí, cuanto mejor juegue más me divertiré. Ésa es al menos mi filosofía. Si hay cosas en la cancha que no puedo hacer porque no he entrenado lo suficiente me divertiré menos que aquel que controla todos los detalles técnicos, tácticos, ofensivos y defensivos de este juego.

@Charlie. Ésta en concreto no es una liga escolar, sino autonómica, pero aun así comparto tu mensaje y espero que me recuerden como una persona que contribuyó a su desarrollo integral como jugador y, especialmente, como persona.

Gracias a todos

Javier Palao dijo...

Creo que la autocrítica por parte de los jugadores es buena, la crítica constructiva del entrenador al equipo también. Pero lo más importante, es olvidar el partido y pensar en el siguiente, mejorar cada día y animar a cada compañero a superar cada situación como EQUIPO.

No hay que olvidar que se juega para ganar, pero sobre todo para divertirse.

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