Desmontando el Clutch Time (I)






Ha pasado un año, aproximadamente, desde que completara la tramitación de la matrícula del Curso de Entrenador Superior de baloncesto y aún sigo inmerso en el proceso de acreditación de las horas de formación complementaria y en la redacción de la memoria de prácticas que debemos presentar antes del 31 de mayo. Vaya por delante que me parece bien. Si se trata de prestigiar la profesión, el que uno pueda declararse entrenador superior de baloncesto no puede ser un paseo.


Hito inexcusable, también, del camino, fue la ejecución de un modesto proyecto de investigación que tuvimos que entregar antes del 28 de febrero. Su concepción fue temprana. Enseguida supe que quería hablar de la gestión que llevan a cabo los entrenadores en situaciones de máxima presión y, para ello, gracias al material audiovisual que proporciona el NBA League Pass, me doté de una importante cantidad de jugadas que respondían a los criterios que ahora expondré.


El dato es escalofriante. Aproximadamente –teniendo en cuenta solo los partidos disputados hasta el fin de semana del All Star en la temporada 2014-2015 de la NBA– , cada equipo de la NBA había disputado, como promedio, veinticinco encuentros que, durante los últimos cinco minutos, presentaron marcadores con ventajas, o desventajas, inferiores a cinco puntos, definición amplia de lo que en Estados Unidos entienden por CLUTCH TIME, concepto que, por necesidades de la investigación que hoy os presento, tuve que acotar.


Buscando maximizar la presencia del elemento “presión”, con el que todos los actores, y actrices, del mundo del baloncesto debemos convivir; decidí acotar tanto temporalmente, como en términos de marcador, el concepto de clutch time aplicable a este estudio limitándolo a toda aquella jugada que transcurre con menos de treinta segundos de tiempo restante y con un marcador empatado o desfavorable por dos o un punto.


Acotada la muestra de estudio, finalmente, a ocho equipos (situados en diferentes quintiles en función de su eficiencia en este tipo de acciones) y setenta y cuatro jugadas, aún había que seleccionar los elementos de discusión y plantear las hipótesis de partida. Claro, la pregunta era, ¿hasta qué punto lo que sucede en los finales apretados de partido responde a la toma de decisiones de un entrenador? ¿Qué variables pueden ser analizadas de una manera más o menos científica y cuáles, en cambio, se escapan de este ámbito por responder más a la iniciativa individual de los jugadores o a aspectos, por qué negar su existencia, caóticos o azarosos? Finalmente opté por los siguientes elementos de análisis.


1. Estructura de quinteto. Sin duda, elegir los cinco jugadores que estarán en cancha para jugarse el partido en los últimos segundos, es una de las principales prerrogativas de un entrenador en el clutch time. Normalmente, a los criterios de selección basados en el talento (tener a los cinco mejores jugadores en cancha) se superponen otros relacionados con el estado físico y anímico del jugador y también aquellos que tienen que ver con la estructura del propio quinteto, ya sea en la búsqueda de una ventaja o como respuesta a una maniobra táctica del conjunto oponente. La pregunta que me hice fue, ¿la investigación podría ayudarnos a determinar la existencia de un patrón de quinteto favorito entre los entrenadores NBA y, más aún, una relación directa entre esta elección y el éxito que finalizan teniendo las jugadas ofensivas?



2. Pedir o no pedir tiempo muerto. El simple visionado de numerosos partidos nos permitiría deducir rápidamente que, en un alto porcentaje de ocasiones en que un partido llega a los segundos finales sin estar decantado, los entrenadores deciden solicitar tiempo muerto siempre que no hayan agotado su cupo. Es decir, el poder contar con unos segundos, o varios minutos, para ordenar las ideas, calmar las mentes de los jugadores y elegir la jugada a ejecutar, parece ser un recurso casi irrenunciable. No obstante, cabe recordar que ese tiempo podrá ser utilizado también por el entrenador rival para recordar los principios defensivos, ajustar emparejamientos y, quizá, aunque en la NBA sea menos corriente, idear alguna especie de trampa defensiva. La pregunta es, por lo tanto, ¿cabe esperar un mayor porcentaje de éxito en jugadas que se ejecutan tras la petición de un tiempo muerto?


3. La asunción de responsabilidad por parte de la estrella. En el seno de un equipo de la NBA los roles asignados a cada jugador están muy bien definidos desde el comienzo de la temporada, aunque la evolución de la misma pueda desembocar en leves variaciones. Una figura reconocida por todos es la de la estrella ofensiva del equipo, aquella a la que todos miran exigiéndole, casi, que asuma el tiro final del encuentro. Pero claro, igual de conscientes de este hecho son también los rivales, por lo que, en muchas ocasiones, de la pizarra del entrenador surgirá una jugada sorprendente y sorpresiva que finalice con el balón en manos de un “secundario” (aunque genere críticas en el propio vestuario). 


La hipótesis de partida es clara: Las estrellas asumen la responsabilidad de la jugada en un porcentaje muy superior al resto de jugadores, pero, ¿ese mayor porcentaje de jugadas diseñadas para la estrella está justificado en base a la estadística de éxito?


4. El diseño táctico. ¿Qué jugar cuando el marcador aprieta? ¿Un movimiento corto, un sistema largo o acaso es mejor fiarlo todo a la iniciativa individual y al talento del jugador? La hipótesis de partida, asumida casi como una leyenda de la NBA, es que la mayor parte de entrenadores apuestan por simplificar el juego y reducirlo todo a una situación de aclarado u otra de bloqueo directo central. ¿Se confirmará la hipótesis? Y, de ser así, ¿se confirmará que son las opciones que aportan un mejor rendimiento?


5. Número de pases por jugada. Llama la atención cómo, en muchas ocasiones, se renuncia a la circulación de balón y se apuesta por agotar el tiempo de posesión antes de ejecutar lo pactado desde el banquillo. Es cierto que las defensas aprietan aún más las líneas de pase en estos minutos finales y que, de esta manera, reduciendo al mínimo el número de pases, se reducen también las probabilidades de perder el balón. Pero, ¿existe una relación directa entre un menor número de pases y un mayor porcentaje de éxito?


6. El marcador como elemento de presión añadida. En principio, cabría suponer que es más difícil anotar en situaciones de todo o nada que en aquellas otras en las que la necesidad de anotar no es tan ostensible por ser el marcador de empate o por restar más de una posesión. Ahora bien, un marcador de dos abajo puede conducir a una defensa a ser especialmente agresiva en la evitación de un tiro de tres puntos, lo que puede ocasionar mayores facilidades para penetrar en la zona. Sea como fuere, la pregunta es: ¿Notan los equipos de la NBA, y sus jugadores, la presión añadida de ir por debajo en el marcador? ¿Se comprobará que existe una mayor efectividad en los ataques que se ejecutan con resultado de empate respecto a aquellos que se hacen en desventaja?


De todas las respuestas que me ofreció el análisis de los datos os daré cuenta en una próxima entrada, reservando una tercera, y última, para exponer el resultado audiovisual de todo este proceso que comenzara allá por julio y del que aquí os dejo un anticipo.





UN ABRAZO Y BUEN BALONCESTO PARA TODOS

1 comentarios:

Javier Palao dijo...

Buena elección para el proyecto. Deseando ver ese trabajo final.

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